sábado, 24 de agosto de 2013

LECTURAS AUTODESTRUCTIVAS

Hay escritores que tienen el don de, con solo unas palabras, retorcernos las entrañas, poner nombre a los más oscuros temores, temblar de inquietud, soñar, viajar, enamorarnos o deshacernos en lágrimas. Uno de mis favoritos, el señor Galeano, es un sabio que ve más allá de la realidad y la traduce en “formato humilde”: la lectura es una experiencia prestada en diferido, en forma de bofetada o de sonrisa radiante.
Hoy toca bofetada.



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

 Los nadies (extraído de El libro de los abrazos). Eduardo Galeano.

 

UNA SONRISA PARA PABLO


Pablo es un desconocido. Es una de esas caras con las que cruzamos a diario y a las que no prestamos atención, una de esas personas a las que preferimos no ver y cuya existencia preferimos ignorar.
Pablo es mendigo. Pide en la boca del metro de Diego de León. Apoyado en el muro de piedra, extiende la mano hacia los que suben las escaleras esquivando su presencia, evitando cruzar su mirada. Porque Pablo te mira a los ojos y murmura algo incomprensible, mitad saludo, mitad agradecimiento.

Pablo es casi un anciano. Pelo cano, piel arrugada, manos encallecidas y cuerpo encogido bajo sus ropajes oscuros, porque Pablo guarda luto por su hijo muerto hace poco más de tres meses. A veces lleva gafas, otros días no. En ocasiones se muestra desaliñado, sin afeitar, legañoso y sucio. Hay días en los que luce hecho un pincel, recién peinado y con la ropa limpia y planchada.
Pablo me da los buenos días y me llama por mi nombre, curiosamente el mismo nombre que el de su exmujer. Bueno, en realidad me llama con el diminutivo que detesto. –Que tengas un buen día Pili. ¡Si el supiera que no lo soporto…! Solo los más allegados se permiten usar ese nombre…

Pablo hace tiempo que está divorciado, me lo contó una mañana en la que me detuve a charlar con él. También me habló de su hijo, fallecido tras una larga enfermedad. Me lo contó llorando, agarrado a mi brazo. No sé si buscaba consuelo, desahogo o quizás unas monedas, pero casi me hizo llorar a mí, parados los dos en la puerta del metro. Creo que le dejé unas palabras vacías de consuelo… e incómoda y avergonzada mascullé como excusa que llegaba tarde.  Al día siguiente no estaba, quizás yo llegaba unos minutos antes, quizás fuese más tarde de lo habitual.
Otro día Pablo me saludó, tocándome el brazo y sonriendo. Y me retuvo para contarme lo duro que es estar en la calle, y que el calor es tan malo como el frío. Me pregunta cómo funciona la Tablet, si leo mucho, si estoy casada, si tengo hijos, si en mi empresa necesitan a alguien, porque Pablo quiere trabajar, aunque sea sin cobrar, y me explica que no le gusta pedir pero que la pensión no llega. Más que sonreír yo le regalo una mueca irónica, aunque contesto a sus preguntas sin dar muchas explicaciones.

Una mañana no le vi. Ni al otro día, ni al siguiente. Pero el lunes de nuevo Pablo estaba parado en la esquina de Francisco Silvela con Alcántara, preocupado porque hacía días que no me veía, tan contento porque alguien de mi empresa le había invitado a desayunar. Y yo sé quién es, porque le he visto saludarle como lo hace conmigo.
Una vez Pablo me regaló el periódico. –Toma, para que leas un rato cuando hagas descanso. Era un diario gratuito, manoseado y del día anterior, pero lo cogí y lo llevé conmigo. Lo tengo en la oficina, en la bandeja de “cosas” personales y recuerdos.

Hay días en los que mientras subo las escaleras mecánicas pienso en la posibilidad de dirigirme a la otra salida y cruzar la calle sin saludarle, mientras recorro los pasillos subterráneos pienso en no pararme y evitarle, pero mi conciencia me lo impide. Cierro lo que vaya leyendo e intento recordar si llevo alguna moneda en el monedero. A veces pienso en cuanta gente cruzo y saludo a diario que nunca se ha molestado en preguntarme mi nombre. También pienso en que llegará un día que no le vea más y si echaré de menos su saludo y sus buenos deseos.
Me pregunto cómo me sentiría yo si la vida me llevase a madrugar cada día para ponerme a pedir en una boca de metro o en un mercado o en la puerta de una iglesia. Qué pensaría de la gente que rehúye mi mirada, mi mano extendida, que esquiva mi presencia, que me ignora, que me ve pero no me mira, que me mira sin ver. Dudo mucho de que yo fuera capaz de mostrarme educada y mantener mi dignidad.

Pablo es un desconocido, es un mendigo, es la representación de una parte de la sociedad en la que es mejor no pensar y que, instintivamente, intentamos apartar; pero si un día al salir del metro pasas delante de él, por favor, no le ignores, responde a su saludo, busca tu mejor sonrisa y regálasela, lo agradecerá más que una moneda.

martes, 2 de julio de 2013

CONDENADOS?

Cada día que me siento frente al televisor para saber qué ocurre en el resto del mundo, gano una nueva arruga en la frente y en el alma. Salgo a la calle, bajo al metro, camino, compro, como y trabajo entre desconocidos, y en todos y cada uno de ellos encuentro la misma mirada sumisa, desganada, derrotada ¿condenada?
No sé si esto parará. No sé si seremos capaces de hacer frente a tanta corrupción, abuso de poder y opio gratuito para embrutecer los sentidos y anular la voluntad. Nunca tuve fé, pero ahora, menos que nunca, ya no creo en ellos, en los que se autodenominan poderosos. Tan sólo una chispa de esperanza se esconde oculta entre tanto pensamiento negativo, en nuestras manos está sacarla a la luz e insuflarle vida, no dejar que se extinga esa llama utópica que quiere creer que un mundo mejor es posible.  


















"Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra tí; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada."
AYN RAND (1950)

"No hay nada que pueda quitar la libertad a un hombre salvo otros hombres.
Para ser libre, un hombre debe ser libre de sus hermanos".
AYN RAND

lunes, 29 de abril de 2013

PRIMAVERA LOCA

















Se despide abril empapado de lluvia. ¡Que loca primavera!
Y yo con este frío solo puedo pensar en el verano.

Asturias. Museo de las anclas.

lunes, 4 de marzo de 2013

BÚSCAME

Aunque no me veas estoy ahí, sentada sobre las rocas bajo los pinos, mojando los pies en las aguas frías del lago, salpicando gotitas sobre el reflejo de las nubes lentas que se deslizan al compás de la brisa.
Respirando, esperando, aguardando. Diluyendo pensamientos que se evaporan bajo un sol invernal.
Aunque no me busques estaré ahí, flotando a la deriva o a salvo junto al fuego, fuera de tu alcance.
Encuéntrame si puedes.

La imagen pertenece a un newsletter de viajes de Travel. Muestra una cabaña en Finlandia (a mis ojos, algo muy parecido a la idea que tengo de un paraíso).

UN REGALO EN BLANCO Y NEGRO








Pablo me regaló un poema y un dibujo antes de irse.
Cualquiera lo entiende...
Me gustan sus monigotes, casi consiguen hacerme olvidar su egolatría insufrible.
Ahora creo que fue una sutil maniobra de distracción.

 

jueves, 31 de enero de 2013

POLÍTICOS CORRUPTOS Y OTROS ANIMALES


Que vergüenza de país! Tanta democracia, tanto progreso, tanto bienestar... 

¡Quien te ha visto y quien te ve, España querida!
Volvemos al siglo XVI, a contemplar desolados los restos de algo que ya no reconocemos como propio.
Nación, hogar, país, identidad... Conceptos que hoy nos vienen grande, masacrados por una clase politica sin moral, etica ni pudor, deformandolos hasta el esperpento. 
Ya lo decia Quevedo pero pocos lo leen, y en el siglo xxi: mismos lamentos, igual calaña. 
Canallas.

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Francisco de Quevedo



Gracias Núñez, tu comentario en el Face me ha inspirado. Recojo tu guante y me guardo el soneto que es una joya que también quiero compartir.