domingo, 29 de enero de 2012

FEBRERO 2040

Hoy dos de febrero de 2040 cumplo 70 años, ni más ni menos.
70 años son muchos. Pero son simplemente un número.
¿Qué son 70? Para los que nacimos en 1970, suponen unas pocas lecciones importantes, una gran familia, algunos amigos, una carrera, pequeñas cosas que nos hacen felices y la maldición de envejecer.
 
Algunos dicen “Sé feliz. Trabaja con gente que te agrade. Sé generoso. Obtén toda la educación que puedas”. Puede que esta sea una de las lecciones más importantes que haya aprendido a lo largo de mi vida.
Me gusta pensar que a los 70 lo único que atesoro son un montón de pequeñas razones para vivir. Decir que merece la pena es quedarse muy corto. Puedes reflexionar sobre los errores y aciertos propios o ajenos, pero los que hemos sobrevivido al intento llegamos con una frescura y un sentido común cuyas instrucciones de uso no aparecen en los manuales de autoayuda.

Uno debe fabricar su propia felicidad.
Tú tienes que ser responsable de tu propia felicidad. La felicidad no es una elección, es una condición, una decisión y no el resultado de las circunstancias de la vida.
Con cuarenta años me creía una mujer seria, culta y profesional, pero amable y divertida; creativa y llena de inquietudes. Había tantos lugares que visitar, libros que leer, personas que conocer. Mi avidez no tenía límites y mi única ambición era permanencer por siempre en esa cúspide de felicidad... que joven y qué ignorante. Hoy sigo siendo la misma, menos seria y menos amable, pero igual de hambrienta por viajar, ver, escuchar, aprender. Para mí, esa forma de crecimiento personal fue la clave de la felicidad, y la vida ha estado llena de esos momentos, y aún quedan tantos por llegar...

Disfrutar de tu trabajo.
Nadie es feliz trabajando duro sólo para conseguir dinero y poder comprar lo que le venga en gana. Lo importante es involucrarte en una profesión que amas y que estés deseando ir a trabajar cada día. Encontrar el trabajo ideal puede llevarte una vida, pero es inútil rendirse. Es inherente a nuestra humanidad perseguir lo que ambicionamos porque la satisfacción que proporciona rozar simplemente un sueño, inflama la chispa de felicidad que nos sirve de motor. Una promoción en el trabajo puede ser lucrativa y halagadora, pero no merece la pena si te aparta de lo que verdaderamente disfrutas haciendo. Si eres feliz apretando clavos durante ocho horas porque el resto del día eres capaz de llenarlo de satisfacciones ¿a quién le importa?

Pasar tiempo con los tuyos. Viajar. Enriquecer el alma y alimentar el corazón.
Entre las experiencias más gratificantes cuando se echa la vista atrás están los viajes. Ahí tienes un buen motivo para gastar dinero. Agasaja a los tuyos, sé generoso, comparte tu alegría, acompaña al que sufre. El deseo de haber disfrutado más tiempo con los tuyos, incluso a costa de sacrificar otras cosas, se encuentra entre los mayores remordimientos de los tristes y solitarios.

Y el amor...
Tods aspiramos a encontrar a alguien que comparta nuestros mismos valores y objetivos. Para muchos nunca terminará bien. Casi todos pasamos por varias etapas, disfrutamos de la vida solitaria, de un matrimonio satisfactorio "para toda la vida", y terminamos atesorando diversas experiencias amorosas seguidas por separaciones, olvidos, engaños y cicatrices.
Y en este sendero sólo controlamos nuestra media mitad...
Un buen consejo pudiera ser procurar mantener una permanente amistad, la capacidad de comunicarse, revisar continuamente nuestra disposición para dar y recibir, celebrar el compromiso... ¿Pero quien tiene la fórmula secreta?

Llegar en paz
Dice Woody Allen: “No tengo miedo a la muerte, pero no quiero estar ahí cuando suceda”
Lo primero para estar ahí es saber envejecer. No luchar contra ello. No malgastar el tiempo lamentándote.
Cuanto mayor eres, menos miedo tienes a morir.
Cuando se es joven no existe el miedo, el temor a desaparecer, se vive el día a día, sin pensar en mañana.
A los cuarenta se comienza a sentir el pánico a no estar aquí, el deseo de permanecer, la intriga por el cómo será y sobre todo la rabia por no poder verlo.
A los 70 mis preocupaciones son otras, solo quiero dejarlo todo listo para que los que queden no tengan quebraderos de cabeza. Y quiero aprovechar el tiempo disponible para disfrutar de una vida más rica e interesante. Soy mayor, pero vivo con más ganas que cuando era joven.

¿Qué es lo verdaderamente importante?
Mi vida ha superado con creces mis expectativas. Sí, es cierto que ya no puedo hacer muchas de las cosas con las que antes disfrutaba, pero ahora soy más feliz porque las cosas que antes eran importantes para mí ya no lo son. Cada edad, cada década, me ha brindado presenta oportunidades que no estaban presentes en la edad anterior.

La vida es muy, muy corta
Y no es cuestión de deprimirse, sino de ser más selectivos en la manera de invertir el tiempo.
Puedes tomar decisiones ahora que harán que tu vida sea mucho agradable si lo tienes en cuenta. Incluso cuando se tienen más de siete décadas a las espaldas, la vida es demasiado corta como para desperdiciarla en pesimismo, aburrimiento y desilusión.

Ríete de tí mismo.
La vida es una broma macabra, cuando empiezas a acostumbrarte llega el momento de abandonarla.
No te la tomes demasiado en serio, pues no saldrás vivo de ella.
Celebra cada día que estás vivo. Luce espectacular en cada ocasión, tíñete las canas o muéstralas sin pudor, son tuyas, igual que tus arrugas y lunares. Significan que has vivido.

Evidentemente, no estamos en 2040 sino en 2012, y no tengo 70 años, sino 42. Pero ví una imagen en un periódico que me hizo preguntarme ¿cómo seré yo a esa edad? y lo que es más importante ¿cómo me gustaría ser?

Quiero pintarme los labios de rojo, seguir vistiéndome de negro y desterrar los tacones. Quiero escribir, seguir escribiendo mucho. Asomarme a mi ventana y ver el mar, seguir bailando cuando nadie me ve, pasear cuando llueve, disfrutar de un buen vino. Quiero tener a los míos cerca , ver como los pequeños se hacen adultos y mayores, y guardar el recuerdo siempre vivo de los que se fueron y los que se irán marchando. Quiero seguir siendo capaz de emocionarme con tonterías y aprender a desahogarme para deshacerme de las penas importantes. Quiero reir a carcajadas y abrazar mucho.

Quiero viajar en roulotte a rincones verdes, conocer Nueva York y Perú, volver al desierto y siempre a Fuerteventura. Quiero sentir el sol sobre la piel desnuda, subir a un helicóptero, respirar sin ayuda, esquivar la enfermedad y asisitir a la felicidad de los míos.
Y al final, cuando deba irme, solo tengo un deseo: que el balance haya sido más que menos. Qué mirar atrás valga la pena y me permita sonreir.

Gracias a un artículo de la periodista Natalia Martín Cantero, publicado por el diario El País, que me sirvió de inspiración.

 

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