viernes, 28 de octubre de 2011

DE VIAJE POR... GROENLANDIA ¡Hay tantos sitios que ver y tantos que me gustaría enseñarte!

Grandes montañas y glaciares, icebergs, ballenas, los inuit, el silencio, auroras boreales... naturaleza virgen y salvaje.
 

En el año 982, Erik el rojo, un marino y explorador vikingo de origen noruego, descubrió una enorme isla cubierta por glaciares a la que llamó Grønland, tierra verde, una ironía estratégica para atraer a los colonos.

Los primeros pobladores de Groenlandia fueron los inuit de la cultura Dorset, asentados desde el segundo milenio a. C. tras la fusión del hielo ártico en algunas áreas habitables.

Los vikingos de origen noruego llegarían en el siglo X, al tiempo que una nueva oleada inuit, la cultura Thule, se introducía en la isla desde el Norte, produciéndose un choque cultural entre ambos pueblos.

A finales de la Edad Media, los vikingos abandonaron la isla huyendo del frío y buscando refugio en Islandia. La cultura Inuit permanecería en Groenlandia hasta la llegada de los daneses en el siglo XVIII. Hoy, un 80% de la población es de origen inuit. Sólo el 20% restante es de origen danés.

Groenlandia, en kalaallisut: Kalaallit Nunaat; en danés: Grønland. Se localiza entre el Océano Atlántico y el Océano Glacial Ártico, y es una región autónoma perteneciente al Reino de Dinamarca.
Con 2.166.086 km², Groenlandia es la isla más grande del mundo después de la isla continente de Australia.
Más del 80% del territorio está cubierto de hielo, siendo la segunda reserva de éste en el planeta, sólo superada por la existente en la Antártida.

Dicen los científicos que el hielo cubre tres masas de tierra separadas que se encuentran unidas por puentes de glaciares originarios de la última glaciación.
Si los 2.850.000 kilómetros cúbicos de hielo se derritieran, elevarían el nivel de los océanos 7 metros. El peso de esta gigantesca masa de hielo ha hundido la plataforma continental hasta 300 metros por debajo del nivel del mar.

El Parque Nacional más extenso del mundo se encuentra en Groenlandia: es el Parque Nacional del Noreste de Groenlandia.

Sólo el territorio libre de hielo a lo largo de la costa oeste acoge ciudades y pueblos.
El groenlandés es el idioma oficial, hablado por unas 50.000 personas, la mayoría de los habitantes.

En Groenlandia las distancias se miden en sinik, sueños o número de noches que dura un viaje. Un concepto que varía según la estación del año.

Groenlandia regala uno de los fenómenos más espectaculares del cielo: la aurora boreal.
La noche se llena de formas luminiscentes, fantasmagóricas, que se desplazan en el aire.
Piensan los esquimales de las partes más septentrionales de Canadá, que las luces del norte son espíritus envueltos en luz mística, que celebran la desaparición del sol... o .bailando la danza de la muerte.
El folklore del este de Groenlandia defiende que las auroras son almas de recién nacidos que mueren y se transforman en luz, color y energía vital, para unirse a la del Universo...
Las luces del Norte son conocidas como alugsukat, que significa nacimiento secreto. El cielo es una enorme cúpula, dura y resistente. Fuera queda el infinito, el paraíso, el territorio de los muertos, un lugar luminoso que en ocasiones nos permiten vislumbrar a través de pequeñas grietas por donde las almas de los muertos podían ascender hasta los territorios celestiales, un camino largo y difícil, con un puente estrecho sobre el tenebroso abismo que separa la vida y la muerte. Pero en el cielo alguien vela por los ciegos espíritus: las almas de los hombres que ya cruzaron encienden antorchas que guiarán los pasos de los nuevos espíritus. Las Luces del Norte.

 
¡Hay tantos sitios que ver y tantos que me gustaría enseñarte!

Imágenes cedidas por Jaime Hervas. Groenlandia, verano de 2011.
Biólogo, viajero y amigo. ¡Gracias Jaime!

jueves, 13 de octubre de 2011

EVASIÓN


Soñé una tarde de calma, a la deriva en el mar. Sin viento ni oleaje.
Soñé un atardecer dorado con millones de diamantes cabalgando las aguas.
Un sol que se ponía sin prisas y yo, sonriendo feliz sentada en la proa. Retaba a las sirenas a compartir canciones.
Tú nadabas hacia el fondo para pasear entre corales y traerme una caracola.
Apareciste con una corona de algas, flotando entre burbujas, y salpicaste de agua tibia un abrazo.
- ¿Qué miras?
- El futuro.
- ¿Qué buscas?
- A tí.
- ¿Qué esperas?
- Que sigas aquí cuando yo vuelva.
Y salté por la borda, sumergiéndome en lo profundo del océano, donde no alcancé a escuchar tus carcajadas repletas de sal.