martes, 3 de mayo de 2011

AD NAUSEAM.

 
La rabia, desidia, superficialidad y frustración, emborronan mi cabeza. Y temo que hoy no sean mariposas oscuras, de esas tristes pero conocidas. Estas sombras son reales.

Repaso los detalles, busco razones, persigo pistas en conversaciones pasadas y descubro gestos a hurtadillas. No sé cómo llego a la conclusión de que algo ha cambiado. Abrí los ojos y ahora creo que prefiero cerrarlos.

Me asomo a un mundo que creía amistoso, sincero y confortable, y recibo espantosas visiones de envidias, críticas y desprecio. Solía confiar en que cuando alguien te ha dedicado dos minutos de su tiempo lo ha hecho de forma gratuita, por gusto y no por obligación, para descubrir sonrisas falsas, intereses ocultos y mucha, mucha soledad, la infinita y pesada soledad, que como una losa cargan esos bultos grises que hoy no reconozco. Y eso me entristece, por ellos.

Por el rabillo del ojo localizo almas fantasmagóricas que callan y escuchan sin interés, que aguantan pero no deciden, que sacian sus vicios pero no encuentran ningún tesoro en sus propias mentiras, en su vida de papel, en el fondo de su vaso, en su plato vacío ni en sus noches en vela. Son seres cercanos, inmediatos, casi gemelos, pero lejanos. Disfraces y caretas que fingen sonrisas y esconden un aburrimiento infinito, egoístas en sus preocupaciones. Han creado una muralla a su alrededor y están ahí pero no están. No son. Mienten porque no son sinceros y la verdad a medias no es verdad. Se sirven de ti para justificarse, para no estar solos, a solas con su triste, infinita y pesada soledad, y si una vez fuiste un modelo, lo más probable es que no seas ya más que una foto rota sobre la que buscar defectos. Un muñeco usado y roto, que se olvida tirado en un rincón.

¿Por qué perder el tiempo? Marchaos bien lejos, en mi mundo no hay espacio. Buscad a alguien que quiera compartir las gilipolleces con que llenáis los vacíos, con las que olvidáis lo fútil de vuestra existencia y con las que rumiáis los complejos que os atormentan. Buscad alguien que os quiera como sois, si sois capaces, si son capaces.

Yo vivo en una burbuja. El espacio, el tiempo, la vida, el mundo cotidiano donde vagan las almas tristes, esos vampiros de energía que pugnan por absorber tu sonrisa, es algo que me es ajeno.

Mi burbuja se expande para acoger momentos felices al margen del qué dirán, qué pensarán, de políticas y religiones. Y se contrae cuando extiendo las alas que me permiten volar. Y uso mi imaginación, y abuso de mi derecho soberano a la plena libertad de ideas y pensamiento. Y todo está lleno de luz, y música, y palabras bonitas, y risas sinceras, y amigos que saben qué no deben preguntarte jamás porque ellos ya saben. Y no hace falta hablar ya.

Los seres oscuros quedan excluidos para siempre de esa burbuja, desterrados de mi vida, aquí no hay lugar para la mentira, la falsedad o la envidia. Marchaos lejos, renunciad. Alejad vuestras sucias garras de mi burbuja y de los míos. Quitaos la careta e intentad ver vuestra imagen reflejada en un espejo, sed sinceros y cambiad, porque el tiempo es corto y las oportunidades pocas, y la burbuja la construye uno mismo cada día con amor y luz.

Como tantas otras veces, leo, releo y no me entiendo. ¡Cómo iban a comprenderme los demás! Y ¿a quién le importa?

Argumento ad nauseam, o argumentum ad nauseam: falacia en la que se argumenta a favor de un enunciado mediante su prolongada reiteración, por una o varias personas. Utilizada habitualmente por políticos y retóricos, en su forma más extrema puede ser también un tipo de lavado de cerebro.
La expresión ad nauseam es una locución latina que se utiliza para describir algo que continúa hasta llegar al punto de producir náuseas, hasta que todo el mundo se ha hartado del mismo.

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Mme. Butterfly.