martes, 12 de abril de 2011

EL SITIO DE MI RECREO. UNA PLAZUELA EN EL CORAZÓN DE MALASAÑA

Cantaba Antonio Vega:
"...donde nos llevó la imaginación, donde con los ojos cerrados se divisan infinitos campos..."
y el "sitio de su recreo" era construido a base de recuerdos y mucha poesía:
"...Donde se creó la primera luz, junto a la semilla de cielo azul..."

¿Cuál sería ese lugar? sin duda un lugar querido, acogedor, tranquilo, resplandeciente de luz y música, repleto de amor y paz, un sitio muy escondido donde refugiarse, un lugar en la memoria donde volver. No lo sé.
En el barrio de Vallecas Villa, de Madrid, existe un centro cultural juvenil llamado "El sitio de mi recreo" abierto en 2009. Pero cuesta pensar que Antonio pudiera estar hablando de Madrid, eso le pegaba más al otro Antonio, al Flores, al que cantaba a la Gran Vía y a un Madrid mestizo y peligroso, de ambulancias blancas, jeringuillas, ruido de tráfico y princesas rotas, en el que no hay sitio para nadie.

Pero, ironías de la vida, Madrid acoge desde hace días un rincón dedicado al gran Antonio Vega.
Concretamente, en el corazón del barrio de Malasaña, en el diminuto triángulo formado por la confluencia de las calles de la Corredera Alta de San Pablo, Velarde y la calle de Fuencarral, una placa señala la plazuela de Antonio Vega, en homenaje a uno de los mejores músicos de la historia reciente madrileña, líder uno de los grupos más representativos de la Movida madrileña, fallecido el 12 de mayo de 2009.
No es gran cosa, sólo un triángulo deforme de asfalto que sirve de poco más que para aparcar motos, pero ya es algo. Muy poca cosa comparada con el valioso legado de sus canciones y poesías.
Cerca están la Plaza del Dos de Mayo, el Penta, la Vía Láctea... garitos y calles que fueron testigos, hace ya tres décadas, de una eufórica Movida y de la revolución artística que marcó la cultura de la ciudad para siempre. Hoy este barrio evoca el recuerdo de uno de sus artistas más queridos y el de toda una generación rota cuya ausencia se respira cada día en el barrio (Carlos Berlanga, Enrique Urquijo).
El recuerdo de esa época me sugiere imágenes de la locura creativa que contrastan enormemente con la aparente fragilidad de sus víctimas...
Sea como sea, Antonio Vega, el chico de la mirada baja y el verbo poeta, vivirá para siempre en el corazón de Malasaña. Un peculiar sitio de recreo, curiosamente fue el mío.

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Mme. Butterfly.