lunes, 21 de febrero de 2011

CRISIS? WHAT CRISIS? APUNTES SOBRE MOTIVACIÓN Y OPTIMISMO

Decía Einstein: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”, y en su discurso ensalzaba la crisis, el fracaso y las penurias porque son el motor que nos mueve al cambio.
A veces tememos el resultado antes de poner en práctica una acción pero ¿de qué tenemos miedo?
 “Quien supera una crisis se supera a sí mismo. La única amenaza es la tragedia de no querer luchar por superarlo.”
En ocasiones todos necesitamos un revulsivo que nos mueva a actuar, que nos arranque de la silla y nos incite a movilizarnos. Nos falta motivación y optimismo. Parece que todo el universo conspirase contra nosotros. Reímos poco, nos dejamos llevar por el mal humor, negamos la realidad y no tenemos ganas da nada.
Los cambios que se suceden a nuestro alrededor y resulta complicado afrontar algunas situaciones. A todos, en mayor o menor medida, nos están afectando crisis diversas: la económica, la existencial, la de los 30, la de los 40, la laboral, la de pareja… y como denominador común mostramos nuestra inherente capacidad para adaptarnos a los hechos, nuestro conformismo y aguante. Es lo que hay. No nos gusta la situación pero la prolongamos porque no sabemos como acabar con ella. Es patente la necesidad general de motivación, se hace urgente elevar el grado de optimismo.  
Pero la solución puede estar mucho más cerca de lo que pensamos, está en nosotros mismos.
 
¿Por qué luchar para cambiar el mundo? ¿No sería más fácil intentar cambiar nosotros e intentar contagiar al de al lado? Prueba a sonreír, recibirás una sonrisa. No contestes mal ni pongas mala cara porque también funciona, recibirás lo mismo. Hay que hacer sentir bien a los demás, el optimismo es un virus que se contagia. Algunos gestos de alegría son imitados de forma inconsciente por nuestros interlocutores. Desgraciadamente el pesimismo también: hay que elegir qué cara poner si deseamos alcanzar un cierto grado de felicidad.
 
La felicidad no es conseguir algo, es tener motivos para cada mañana levantarte y perseguirlo, tener ganas y por qué vivir. La ilusión: es buscar el cómo. Poner en práctica la búsqueda.
Existe una cosa que se llama coeficiente de optimismo y no es más que la facilidad de una persona para hacer de cualquier experiencia algo positivo. Está demostrado que cuanto mayor sea ese coeficiente en una persona, mayor es su esperanza de vida. Si queremos vivir mucho tiempo y ser capaces de disfrutarlo, debemos poner en marcha cuanto antes los mecanismos para hacer de cualquier experiencia, aún crítica, algo positivo, constructivo, y cuando la vida nos dé una coz, intentar levantarnos rápido y recuperarnos, porque lo mejor está por llegar y no debe encontrarnos tirados y lamentándonos.
 
La mente atrae aquello en lo que piensa. Hay que imaginar, proyectar, visualizar que se obtiene aquello que se desea, creer que se puede conseguir.
¿Y qué hay de los sentimientos? Tendemos a justificar las emociones mediante razonamientos pero la mente nos engaña y sólo ve lo que quiere ver. La realidad la creamos cada uno con lo que elegimos ver en nuestra mente. Nuestros sentimientos crean interferencias en los aspectos racionales y entran en conflicto haciendo aparecer nuevos problemas… Un consejo: hay que confiar en la parte racional y aprender a dominar la parte emocional. Hay que buscar lo que queremos, hacer las cosas que nos apasionan, perseguir los sueños, y hay que actuar racionalmente para conseguirlo.
Ante la duda sobre si dejarse llevar por el corazón o por la cabeza: confía en tu corazón, no lo traiciones, sigue la dirección que te marque, pero actúa con cabeza.
 
Escuchar al cuerpo también ayuda: hay que identificar los síntomas. Cuando no somos felices el cerebro avisa y enfermamos o nos deprimimos, lo que reduce progresivamente nuestra esperanza de vida, nos estamos robando años. Los humanos nos empeñamos en complicarlo todo aumentando continuamente nuestras necesidades e incluso vamos contra nuestra propia supervivencia sometidos al estrés y al cansancio. La vida que llevamos nos hace mayores y nos mata, pero el cerebro nos avisa de que hay que cambiar de estilo de vida: redirigir nuestra rutina y nuestros comportamientos, volver a ser un niño con necesidades sencillas: disfrutar de la comida, del juego, descubrir cosas nuevas y practicar actividades olvidadas (leer, pintar, trabajar con las manos, correr, bailar, estudiar, cantar).
Retroceder en el tiempo aumenta la esperanza de vida. Moverse las multiplica: sal, corre, disfruta, sueña.
 
Dejo estas reflexiones aquí como recordatorio personal y os dejo el enlace a una verdadera fuente de motivación y optimismo. Espero que os resulte tan inspirador como a mí.

vídeo en Youtube:

http://www.youtube.com/watch?v=sJLlPnhlTlU&feature=youtube_gdata_player

jueves, 17 de febrero de 2011

CRONICAS CELESTES

Querida Butterfly,
te escribo desde otra ciudad, tantos meses después de nuestro último contacto, casi podría decir que desde otra vida. Han cambiado tantas cosas a mi alrededor desde que no hablamos que casi puedo afirmar que soy otra persona. En fin, ya me conoces, sigo siendo Celeste. La Celeste inquieta, la insegura, la inconformista, la desaparecida… la loca de tu amiga. Y sí, sigo aquí, lejos de Madrid y de ti, pero te tengo muy presente.
Desde hace días me ronda la loca idea de hacerte una visita, sólo para verte, para contarte, para compartir un té y un cigarrillo, mas no me he decidido y en estos momentos me resulta imposible abandonar Barcelona así que te escribo esperando que aún sigas queriendo saber de esta mamarracha que solo se acuerda de ti para reclamar tu atención, darte sustos y contarte sus penas.
Me encuentro en Barcelona, viviendo aquí desde hace tres meses. ¿Recuerdas que vine durante el verano para acompañar a Lennon durante su operación? Pues la recuperación se prolongó más tiempo del previsto y aunque finalmente tuve que regresar a Madrid y a la rutina de la oficina, a primeros de octubre recibí una llamada que me obligó a dejarlo todo atrás, el trabajo, la casa… y acudir corriendo al encuentro de mi querido amigo.
Parecía que todo iba estupendamente. Algunas mañanas mientras esquivaba con prisas el tráfico infernal de la Castellana, de camino a la agencia, imaginaba a Lennon disfrutando de lo lindo tumbado al sol en la piscina de su hermano, o llevando a su sobrino al pasear por el zoo de La Ciudadela, o espantando a las palomas de la Plaza del Rey mientras se toma un café… Realmente creí que sus problemas estaban resueltos y hasta llegué a envidiar sus prolongadas vacaciones. Qué ingenua. La vida nos depara sorpresas inimaginables, se burla de nosotros jugando al engaño y al despiste, y cuando escuché la voz apagada de su cuñada al otro lado de la línea, supe que el destino andaba agitando los dados y que alguien perdería esta partida.
Lennon estaba mal, muy enfermo, en las últimas. Nadie sabía de su enfermedad, él se ocupó de engañarnos a todos y fingir que lo único que le preocupaba era recuperar la vista. Pero evidentemente, este problema sólo era un síntoma del rápido deterioro que su organismo estuvo sufriendo durante los dos últimos años.
No necesité saber más, si siquiera el nombre de la maldita enfermedad, tenía que acudir a su lado, me necesitaba.
Sólo me detuve en casa para meter algo de ropa en una mochila, hacer un par de llamadas a mi padre, a mi jefe, y me monté en la moto con la única idea de llegar cuanto antes, antes de que fuera tarde. Pero Lennon me estaba esperando y sus ojos se iluminaron al verme aparecer, cansada, despeinada y sudorosa, en la puerta de la enorme habitación que ocupaba él solo en un carísimo hospital privado, muy similar a la clínica de su hermano. Los amplios sillones, la enorme pantalla de plasma y el servicio de café, agua, tazas y pastas colocado sobre una mesita para deleite de las visitas, no me impidieron observar los numerosos monitores a los que permanecía conectado por un sin fin de cables y tubos. Con una mano escuálida y torpe se apartó la mascarilla del oxígeno para poder hablarme, pero el enfermero sentado junto a su cama se lo impidió y me invitó a entrar pidiéndole tranquilidad.
Yo permanecí sólo unos segundos más clavada en el umbral de la puerta, con el casco en una mano y la mochila en la otra, bloqueada y sin saber qué hacer. Solo reaccioné ante el gesto impaciente del enfermero que agitaba su mano pidiendo que me acercase.
Solté todo de cualquier manera en un rincón sin apartar la mirada de mi amigo que sonreía con amargura. Cogí su mano, delicada, frágil, surcada de venas y repleta de unas manchas que yo antes nunca había percibido, y mientras le besaba en la frente noté como su cabeza se hundía en la almohada. Su pelo, ralo y desvaído, se pegaba sobre el cráneo mostrando algunos claros.
Cerró los ojos, sin hablarme, con una mueca de dolor, y apretó mi mano en un gesto que sin decir nada lo decía todo. Ya estaba allí. Le devolví suavemente el apretón y permanecimos así mucho rato, sin decir nada. Todo está bien, ya estoy aquí.
Pasé mucho rato con su mano entre las mías, susurrándole palabras tranquilizadoras, como se habla a un niño para que se duerma, recordando los días compartidos en agosto tras la operación, contándole no sé qué tonterías de un incipiente otoño en Madrid, vigilando que su pecho subiera y bajara con cada respiración, resistiendo con fuerza la lágrima que quería escapar por el rabillo del ojo y rodar por mi mejilla. Los dos solos.
En algún momento apareció su cuñada, lamentándose por llegar tan tarde. Había tardado en encontrar a una persona que pudiera hacerse cargo del niño mientras ella acudía al hospital. Nos fundimos en un abrazo sin palabras. La encontré asustada, triste y cansada. Ella me acusó de loca por venir con la moto, por llegar tan rápido. Solo cuando entró su otro cuñado, el médico, acompañado de un doctor y dos enfermeras, supe que el momento de enfrentarse a la verdad y averiguar qué demonios estaba ocurriendo había llegado.
No por esperado el mazazo resultó menos doloroso. Lennon se iba, se marchaba ya, le quedaban muy pocos días, quizás sólo horas. Hacía años que estaba sentenciado pero en las últimas semanas todo se había precipitado. Él lo supo desde el principio, pero no quiso cambiar su destino ni el de los demás, y decidió no compartir con nadie sus idas y venidas a diferentes hospitales, decidió afrontar solo los tratamientos más agresivos, no cediendo a la autocompasión, y hacía ya más de un año que simplemente esperaba, no había más que hacer, y decidió vivir lo que le quedara sin miedo, como si hubiera mañana para él.
El destino no había previsto nuestro encuentro, o quizás  nos quiso hacer un regalo a ambos: a él con una compañera inesperada cuyas locuras y problemas le alejaron momentáneamente de los suyos; a mí con un alma gemela, una especie de gurú cuya experiencia me ha enseñado a quererme a mí misma. En muy pocos días, entre nosotros se forjó una extraña amistad con la que ninguno habíamos contado y que de algún modo, nos cambió la vida. Y ahora todo se venía abajo. Punto y final, sin retorno.
Recuerdo esos pocos días con infinita tristeza. Los días se sucedían pero apenas éramos conscientes del paso del tiempo, de las horas de luz, de la noche, tan sólo la ida y venida de médicos, enfermeros y familiares marcaba el ritmo de los descansos, de las pequeñas conversaciones, de las mínimas pausas para comer algo, ir al baño, esperar. Conseguí que me trajeran unos pequeños altavoces para mi iPod y las horas pasaban escuchando música, la música que mi amigo me había enseñado a escuchar. Barcelona lloraba conmigo a través del gran ventanal contra el que las gotas de lluvia repiqueteaban constantemente. El exterior se teñía de un gris fúnebre y frío.
Una mañana desperté tirada en uno de los sillones con dolor de cuello. Me incorporé para estirarme y al mirar hacia su cama me sorprendió ver que Lennon, totalmente despierto me sonreía. Con voz apagada pero mucho más firme que días atrás me pidió un poco de agua y con un gesto me indicó que me sentase en la cama a su lado. Me habló lentamente, con un hilo de voz entrecortada, aspirando de tanto en cuando bocanadas de aire a través de su respirador. Me contó toda la historia, la suya, la del joven exiliado por motivos políticos, aficionado al jazz y a los libros; y la historia de amor entre su hermano menor y su cuñada viuda, y la de su aristocrática familia, con tanto dinero como crueldad; y la de su hermano médico, tan ambicioso y prometedor… y con cada palabra, con cada frase, iba sacando fuera de sí todo tipo de rencores, miedos, recuerdos de infancia, pequeños triunfos, momentos íntimos, frustraciones, instantes de felicidad, hilvanando una preciosa historia para que yo pudiera conservar su recuerdo. Y con cada frase, con cada palabra, su voz se iba apagando, la historia llegaba a su fin y por fin conocí el por qué de su silencio, de su secreto, de su soledad. Y lo entendí y lo admiré. Juntos lamentamos no haber podido disfrutar más tiempo de esta amistad pero Lennon se marchó recordándome que el tiempo es relativo y solo cuenta lo que vivimos, y el valor de un solo instante frente al peso de años perdidos. Su marcha fue simple y silenciosa, como un aleteo de mariposas.
Por ahora sigo en Barcelona. Ahora me resulta difícil pensar en volver a Madrid, aunque sé que tarde o temprano lo tendré que hacer. Aquí me han acogido como una más de la familia, para bien y para mal. Unos me han mostrado su aprecio y tomaron en consideración mi opinión en la toma de decisiones sobre Lennon. Otros me han mostrado su desprecio abiertamente, para ellos solo soy la querida del hermano enfermo, del raro, pero no les daré el gusto de sacarles de su error, no se lo merecen. Evidentemente, he hecho piña junto a Estrella y su niño, enfrentada de por vida al hermano mayor, la tieta y el sobrino pijo que, como fieras, no tardaron en sacar a relucir el tema de la tienda de discos. Repugnante. Pero Lennon fue más inteligente de lo que llegaron a imaginar y todo ha quedado a nombre de su pequeño sobrino, de ojos oscuros y rasgados, iguales a los de su madre, y ahora planificamos la vuelta a Madrid, está buscando piso por el centro y cuando se instale la ayudaré a reabrir la tienda de discos. Pero esa es otra historia, la suya.

Estrella quiere dejar atrás un pasado doloroso y empezar con su niño una vida feliz. Ahora tienen una nueva amiga y nos llevamos estupendamente. Hablamos mucho, le he hablado de ti. Hablamos mucho de Lennon y su hermano menor, de sus recuerdos y los míos, de lo difícil que es levantarse cada día sabiendo que nunca más podrás ver, ni hablar, ni tocar a ese ser querido. Nos hacemos compañía y divagamos matando el tiempo preguntándonos cómo hacer para conciliar el sueño, cómo llenar el vacío que deja su ausencia, cómo no recordar cada palabra, cada gesto… ¿Cómo arrancarte este dolor y echar a vivir de nuevo?  Hemos hecho un pacto, ante la flaqueza de una la otra contará un momento feliz, un recuerdo, una anécdota, las cosas buenas. Vamos a celebrar su recuerdo festejando su vida, recordándola, llorando, sí, pero con una sonrisa y una canción. Y en estos días de recuerdo para mi amigo he pensado mucho en ti y quiero que lo sepas: eres importante para mí. Aunque no te vea, no hablemos, no esté, te llevo en mi corazón.

Querida Butterfly, pronto iré a verte, espérame para la primavera.

lunes, 14 de febrero de 2011

DE VIAJE POR... MADRID

¿Moscú?
 
No, Madrid.
Hace poco más de cien años, entre 1902 y 1910, el arquitecto Fernando Arbós levantó en la calle Alcalá la Iglesia de San Manuel y San Benito: el mejor ejemplo de aquitectura neobizantina de la capital. Tiene planta de cruz griega y una cúpula en cuyas pechinas se representan los cuatro evangelistas.
Durante la Guerra Civil se salvó de las llamas pero sólo porque el Gobierno del Frente Popular decidió utilizarlo como almacén.

¿Nueva York?
No, Madrid.
La fachada del Banco de España es uno de los edificios más conocidos de Madrid, no así su interior que no desmerece en nada la magnificencia que se ve desde fuera. Aunque el Banco de España fue fundado en 1856 no ocupó la actual sede hasta finales de siglo, cuando se levantó este edificio en el mismo corazón de la ciudad. Por fuera es de estilo neoclásico con toques venecianos y por dentro se asemeja a estaciones de tren como la neoyorquina de Grand Central Station.

¿Roma?
No, Madrid.
Al noreste de la ciudad, no muy lejos del aeropuerto de Barajas, se encuentra el parque del Capricho. En origen fueron los jardines del palacio de los duques de Osuna, un palacete neoclásico que se encuentra en uno de los extremos del parque. Tanto los jardines como el palacio fueron levantados a finales del siglo XVIII. El templete dedicado a Baco, dios del vino, es uno de los monumentos más característicos de estos aristocráticos jardines.

¿Florencia?
No, Madrid.
Las Escuelas Pías de San Fernando, situadas en Lavapiés, fueron el primer colegio de los Escolapios que hubo en Madrid. El edificio, dedicado al santo patrón del entonces monarca Fernando VI, se construyó en el siglo XVIII y era una escuela para niños pobres.
El 19 de julio de 1936 lo prendieron fuego, no siendo reconstruido posteriormente. Se mantuvo en estado devastado hasta que en 2002 la UNED lo habilitó como biblioteca dejando visible parte de las ruinas como recuerdo de la Guerra Civil.

¿París?
No, Madrid.
La Escuela de Ingenieros de Minas de la calle Ríos Rosas fue inaugurada en 1893. El arquitecto ideó un edificio de planta rectangular estructurado en torno a un patio central con dos torreones rematados por cúpulas de estilo francés. El patio lo cubre una estructura de hierro y cristal. Todo el edificio rezuma influencia parisina.

¿Viena?

No, Madrid.
La de Santa Bárbara era la iglesia que pertenecía al Convento de las Salesas Reales fundado por la reina Bárbara de Braganza en 1748.
A finales del siglo XIX las monjas fueron exclaustradas y el edificio del convento dedicado a Palacio de Justicia. La iglesia se convirtió en parroquia, una más de Madrid, aunque con regios inquilinos. En ella está enterrada la propia Bárbara de Braganza y su esposo, el rey Fernando VI, que no quisieron ser sepultados en el monasterio de El Escorial como el resto de reyes de España.

¿Lisboa?
No, Madrid.
La catedral de Alcalá de Henares es sede de la diócesis homónima y la única en el mundo, junto a la iglesia de San Pedro de Lovaina, que posee el título de "Iglesia Magistral", lo que implicaba que todos sus canónigos debían ser doctores en Teología.
Fue levantada en el tramo final del gótico, de ahí que muchos de sus elementos sean ya típicamente renacentistas.

¿Barcelona?
No, Madrid.
El Caixa Forum del Paseo del Prado es el último añadido a la ya grandísima oferta cultural de la ciudad. Fue inaugurado en el año 2008. El complejo es obra del prestigioso estudio de arquitectura Herzog & De Meuron, que consiguieron levantar un museo desde cero respetando la antigua Central Eléctrica de Mediodía.
Lo más llamativo del conjunto es el jardín vertical obra del botánico francés Patrick Blanc. El jardín ocupa la medianera del edificio adyacente y está compuesto por 15.000 plantas de 250 especies diferentes.

¿El Pirineo?
No, Madrid.
Al Norte de la Comunidad se encuentra Buitrago del Lozoya, un pequeño pueblo amurallado que custodia el paso de Somosierra. Fue fundado por Alfonso VI de Castilla en el año 1096, cuando sus habitantes recibieron las armas del escudo.
Aparte de su muralla que data del siglo XI, Buitrago tiene un castillo, una iglésia gótico-mudéjar y hasta un museo dedicado a Picasso con obras que el pintor regaló a su peluquero, nacido en el pueblo.

¿Finlandia?
No, Madrid.
Cerca de Rascafría, en las inmediaciones del Monasterio de Santa María del Paular, se encuentra el bosque de Finlandia, un bosque de coníferas y árboles de hoja caduca similar a los del Norte de Europa. El bosque se beneficia del microclima que existe en el Alto Valle del Lozoya, a 1.000 metros sobre el nivel del mar y rodeado de picos de más de 2.000 metros de altitud y una pluviosidad mayor que en el resto de la meseta. La nieve suele hacer acto de presencia a menudo en invierno. En verano la suavidad de sus temperaturas lo han convertido en meca de senderistas y amantes de la naturaleza.

¿Chicago?
No, Madrid.
A 230 metros del suelo, altura a la que se encuentra la azotea de la Torre Espacio, el tráfico del paseo de la Castellana no es más que un lejano rumor.
El conjunto de rascacielos conocido como "Cuatro Torres" fue levantado entre 2004 y 2008. La más alta es la Torre Cajamadrid que, con 250 metros, es también la más alta de España y la quinta de Europa.

¿Escocia?
No, Madrid.
En 1907 Alfonso XIII inauguró el embalse de Santillana construido sobre el cauce del río Manzanares.
Para rematar la presa los arquitectos diseñaron una torre de estilo gótico plateresco que sirviese de anticipo al castillo medieval que se encuentra al otro lado del embalse. En los años 60, el embalse se había quedado pequeño y se levantó una nueva presa delante de la antigua aunque conservando ésta, de modo que la torre se quedó en mitad del lago artificial y ahí lleva más de un siglo viendo subir y bajar el nivel de las aguas.

¿Islandia?
No, Madrid.
Durante el verano de 1964 la sequía castigó severamente a la capital. Fue entonces cuando se pensó en retener las aguas del río Lozoya en su curso alto, área donde más llueve de toda la región.
El embalse se inauguró tres años después dejando un soberbio lago artificial de 480 hectáreas a los pies de la sierra.
Aparte de éste, el río Lozoya tiene cuatro embalses más, de ahí que decir agua de Madrid, famosa por su calidad, es casi lo mismo que decir agua del Lozoya.

¿Borgoña?
No, Madrid.
En 1782, Carlos III fundó en Aranjuez la Bodega del Real Cortijo para conservar y envejecer los vinos del mismo nombre. Después de una historia muy ajetreada hoy la bodega sigue haciendo lo mismo que entonces: produce muy pocas botellas, unas 25.000 al año, que sólo pueden disfrutar los socios de un selecto club enológico.
Ofrece también la posibilidad de celebrar eventos en sus centenarias cuevas y, ya de paso, catar el vino.

¿Madrid?
Si, Madrid.
La mole de la catedral de la Almudena se levanta poderosa encaramada sobre el promontorio donde hace mil años nació la ciudad. Unos metros más abajo discurre el humilde Manzanares, el aprendiz de río vilipendiado hasta la extenuación.
Cuentan que, en cierta ocasión, un Regidor de la Villa invitó a Lope de Vega a la inauguración de un puente. El dramaturgo se presentó en la ribera y, al ver el contraste entre la magnificencia del puente y la miseria del río, le dijo al Regidor que Madrid tenía que elegir entre comprarse un río o vender el puente.
Hoy, tras varias obras hidráulicas que han estabilizado su caudal y le han devuelto la limpieza al agua, la ciudad puede tener las dos cosas: agua, aunque no mucha, y pequeños puentes como el de la reina Victoria, construido en 1908.

NOTA: Esta mañana he encontrado en mi buzón de correo electrónico uno de los habituales envíos masivos... pero esta vez me ha impresionado y he querido trasladarlo a este almacén de mariposas.
Del contenido gráfico y textual de este post, no reclamaré más mérito que el de la corrección ortográfica y de estilo de algunos textos. Espero que os guste tanto como a mí y os ayude a descubrir los secretos mejor guardados de Madrid!

DÍAS CONVULSOS

Parece que los días tienen más horas de luz y el mes de febrero pasa rápido.

Un mes raro, extraño y convulso. El lado árabe del mundo se agita y se rebela. Los súbditos de Mahoma quieren ser demócratas y salen a la calle gritando su deseo de abolir las tiranías y el muro fronterizo que se levanta entre su tradición y la esperanza de libertad, sometiendo sus anhelos, sus proyectos y los de sus hijos al capricho del tirano, del terrateniente, del dictador.
El poder corrupto huye encubierto por acuerdos con occidentales sin escrúpulos. Atrás quedan las madres que lloran a sus hijos y hombres que nada tienen que perder porque poco tienen, si no es nada, únicamente su orgullo, sus ideales, su voluntad férrea de cambio y su fe. La misma fe que otros maltratan y pisotean con el cobarde radicalismo terrorista que aterroriza más que mata, porque asusta aún estando bien lejos, estando como estamos integrados en la civilización demócrata, capitalista y estable del primer mundo.

Imagen extraída de http://www.gistain.net/, artículo de Javier Valenzuela sobre las revueltas en el mundo árabe.

Este mes pasa rápido, se notan los días de menos en el calendario.
En el libro de la Historia, febrero de 2011 se inscribirá como el mes en el que el pueblo árabe, de forma casi unánime y espontánea, decidió alzarse y romper unas cadenas, transparentes pero tangibles, férreas aunque transparentes, con las que ha sido sometido durante siglos. 

Llega marzo con aires de cambios y un viento fresco y húmedo que anuncia la primavera transporta aromas de especias exóticas; polvo de arena de tierras lejanas y banderas agitadas que se filtran entre rumores de rezos y el trasiego humano en los tumultuosos bazares; el acre olor de la sangre de los caídos se entremezcla con las amargas lágrimas del luto, de la tragedia y del triunfo. Pero se intuye una luz que cambia el color y define las formas de las cosas según se aproxima. Oriente se levanta y no por ello Occidente cae, ambos son hermanos y caminan de la mano.
Caligrafía kufí: "Voluntad de Dios"

Quizás un día el mundo llegue a ser un buen lugar para vivir. Estoy pensando no en un mundo creado a medida para el disfrute de ricos y poderosos, sino en un buen lugar sencillo donde decir lo que piensas y querer vivir tu propia vida no sea un delito, un pecado ni un estigma. Donde cada uno pueda creer en sí mismo y la mujer no sea un ciudadano de segunda.
Aún queda un buen trecho pero ahí vamos, viviendo en voz alta, sin mordaza y con esperanza.
Febrero pasa rápido, esperemos que así sea. AMÉN.

martes, 8 de febrero de 2011

UN AÑO MAS! SEGUIMOS AQUÍ. FELICIDADES MARIPOSAS!



Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo.
Estamos aquí para tomar cerveza.
Estamos aquí para matar la guerra.
Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos.
CHARLES BUKOWSKI