lunes, 1 de marzo de 2010

SOMOS AGUA

Somos agua...
y flotamos, buceamos, nos dejamos arrastrar por la corriente.
Inexorablemente fluimos, cambiantes, siguiendo una línea líquida de espacio y tiempo cuya composición muta, permanece, se mezcla y se desbarata, flexible y versátil, para volver a manar en otros afluentes distintos.

Existe una corriente filosófica actual basada en el concepto de una "sociedad líquida" que fluye y cambia constantemente (leer a Zygmunt Bauman). Algo más lejos, aunque siempre vigentes, quedan las metáforas de Machado: el agua como vida, el río como tiempo, el mar como destino final hacia el que nuestras aguas se dirigen inexorablemente...

Hoy siento que soy agua.
Sumergida sin respirar, notando la presión en los pulmones, flotando inerte, sin peso ni forma, abro los ojos y el mundo se ve tan distorsionado como ahí afuera: líquido y movedizo.
Oigo ruidos raros, apagados y lejanos, que no distingo de los latidos de mi propio corazón.
Intento retener el oxígeno y me entretengo viendo como ascienden las pequeñas burbujas que se me escapan sabiendo lo cerca que estoy de los límites de mi resistencia. Pesan los brazos y las ideas.
La necesidad de llenar de aire los pulmones y de expandirlos se convierte en dolor, y en un acto de rebeldía me impulso hacia abajo y pataleo con fuerza, sumergiéndome más, hacia profundidades oscuras y gélidas, misteriosas.

Vacía la mente ya sólo hay agua, sólo existe esta materia líquida que me envuelve y me arrastra.
Y llega la angustia seguida del miedo, y con él la desesperación.
Y nado con fuerza en la vertical para salir a la superficie, venciendo una vez más los propios deseos y aspirando un aire que no me pertenece.

Y sólo queda dejarse llevar, flotando sobre el agua, dominándola, acariciándola con la yema de los dedos, mirando de frente un cielo sucio que arranca destellos verdes a las profundidades.
Y el agua te cura, te relaja, te mece y te canta, mientras el cansancio te devuelve a la realidad.

Cerca un nenúfar exhibe toda su belleza de flor de agua, solitario, a la deriva, tan blanco en el agua verde, como una luz marcando el camino. Lo real es lo que flota, lo que vive al otro lado, lo que respira y no se moja. O eso nos quieren hacer creer. Al final, todos nadan hacia una misma playa. El viaje es el mismo, sea cual sea el destino.

Agua. ¿Por qué pierden los hombres la cabeza por el vino pudiendo ahogar sus penas en tí?

Somos agua, dejémonos llevar.

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Mme. Butterfly.