lunes, 8 de marzo de 2010

MALASAÑA: BARRIO MALDITO, MALDITO BARRIO

Ha amanecido oscuro, frío y lluvioso. Lleva días que el tiempo no cambia, no se habla de otra cosa.
Me ha despertado el golpeteo de la lluvia en los cristales y me he levantado sin saber ni qué hora era, muy temprano, seguro, porque aún estaba oscuro.
Sentada en la cocina, frente a una taza de café ardiente, una mezcla de desasosiego e inquietud ha empezado a cosquillearme. Frente al espejo del baño, empañado por el agua caliente de la ducha, intranquila y sin saber qué hacer, he decidido salir corriendo de aquí y perderme un rato.
Calzada con las botas de lluvia y pertrechada bajo un grueso anorak, me he puesto a caminar, sola, en la oscuridad. Algún capullo se ha cargado la bombilla de la única farola que alumbra la calle.
No se oye nada, tan sólo el soniquete de la lluvia, que ahora no es tan fuerte pero es fina y fría. A mí me gusta. Y sí, me gusta pasear cuando llueve, concentrarme mirando los charcos, pisándolos todos, tanteando cual es más profundo, sin paraguas, sin prisa, sin rumbo.
Al llegar a la avenida principal no me lo he pensado dos veces, he subido al primer autobús que pasaba, más que nada por entrar en calor y escapar de la humedad. me he sentado al final, en esos asientos amplios, individuales que vuelven la espalda a los demás, cuando me siento en uno de esos siempre tengo la impresión de ir sola, y eso me gusta.
Al ser domingo y tan temprano, no hay casi gente en las paradas y el busero le mete caña al coche, conduce a buen ritmo, sorteando semáforos en ámbar y arrancando a toda prisa cuando suben los viajeros.
Advierto que el bus sube ahora por la calle Atocha, se dirige al centro. Me parece bien.
En la Plaza de Jacinto Benavente el busero se vuelve y grita: -bonita, esta parada es fin de trayecto. Se dirige a mí, que ni me he dado cuenta de que se ha parado y la media docena de personas que cargaba ya se han apeado.
Le hago un saludo con la mano y me bajo de un salto. Continuaré andando.
Bajo la calle Carretas en dirección a Sol. Observo a otros peatones que pasan rápido con su dominical bajo el brazo. Las cafeterías de la calle Montera ya han abierto. Cruzo la Gran Vía, por donde veo deambular algún que otro trasnochador alcoholizado, un par de putas refugiadas de la lluvia incesante bajo la marquesina del Mc Donald's y varios señores mayores al acecho. Miro para otro lado evitando sus ojos inquisidores.
Enfilo la calle Fuencarral y voy mirando escaparates cerrados repletos de pintadas. Al pasar frente a la tienda de golosinas de diseño me acuerdo del estanco de mi amigo Kiko, bueno, de su madre, la señora Pilar, una viuda de militar con muy malas pulgas a la que no le molaba nada que su hijo se juntara con raritos como nosotros. Kiko se suicidó. Se encerró en su casa de la calle Hortaleza y se pegó un tiro. A los veintipocos años, pero de eso hace mucho tiempo ya. Su madre cerró el estanco, un local estrecho en el que hoy venden golosinas "de diseño".
Justo al lado, donde la tienda de Custo, estaban los billares en los que nos conocimos toda la pandilla. Qué tiempos aquellos.
Los padres de Jose "el pelines" tenían una pensión un poco más adelante. Nunca me he fijado en si siguen allí.
Ahora la calle tiene un tramo peatonal y es una zona moderna, llena de tiendas de moda y garitos.
En la fachada del Mercado de Fuencarral veo una pintada de el Muelle. En su momento fue un mito viviente... esta será una imitación más, no creo que la gente que viene ahora por aquí conozca siquiera la historia, el original tiene más años que ellos...
A la derecha queda el ultra cambiadísimo barrio de Chueca, a la izquierda el triste barrio de Malasaña.
Atravieso por la calle Colón solo por pasar por delante de la iglesia de San Ildefonso y ver las esculturas a tamaño real que pusieron allí mucho después de que yo me largara. Es de esas cosas que me agrada ver, una de las señales que me dicen que el barrio ha cambiado.
Bajo por la Corredera Alta de San Pablo y mentalmente voy recordando: el desaparecido bar Ulecia haciendo esquina y enfrente la primera croissantería que yo recuerdo en Madrid; la pastelería Cubanola, los recreativos, la mercería, la panadería El Mico hoy convertida en gimnasio (!!!); a la derecha, cruzando la calle San Vicente Ferrer, aparece la mole del edificio del Tribunal de Cuentas ocupando toda la manzana.
Me estremezco bajo mi anorak mojado y tres vueltas de bufanda. El frío que me recorre la espalda es antinatural, no es la lluvia, son los recuerdos.
Y por fin llego a la maldita calle de la Palma. En la esquina, El Penta continúa en pie tras varias décadas de movida en sus muros. Enfrente el colmado de "el manquito", como se le ha conocido toda la vida al dueño de la tienda, manco, claro está, aún muestra sus escaparates llenos de cajas de galletas y latas de atún.
No quiero mirar tras de mí, y me pregunto qué coño hago aquí, despierta, empapada y sola. Mi lado masoquista tira de mi parte miedosa. ¿Qué coño hago aquí?
Me vuelvo para enfrentarme a la calle que baja, oscura y estrecha. Mis ojos buscan mi portal: Palma 7 y su inscripción grabada en piedra "Asegurada de incendios", sus puertas destartaladas de madera y el taller de motos de Pispo. Pero buscan inútilmente, hace años que derribaron el edificio. En su lugar levantaron un bloque de apartamentos. ¿Habrán conservado el patio interior? ¿seguirá teniendo estructura de corrala, con todas las puertas abiertas a un pasillo que recorre el perímetro del patio, con sus cuerdas de tender, su fuente, sus escaleras de madera?
Me extrañaría, no siempre lo antiguo es bonito, ni valioso. Una mierda de edificio eso es lo que era.
Mi madre se cabrearía si me escuchase hablar así, no obstante fue la casa de sus padres, y la casa donde vivió con mi padre cuando se casaron, y la casa donde crecimos las cuatro hermanas, y nació mi sobrina, y...
Puta casa, puto barrio. ¿Qué coño hago aquí?
Si de mí dependiera aquí ya no quedaría nada en pie. Pero esos son mis recuerdos, y valen muy poca cosa. Qué miedo me da despertar a mis fantasmas. Pero aquí estoy, he vuelto.

(CONTINUARÁ)

5 comentarios:

  1. no desesperes.. la lluvia nos limpia y siempre deja paso al sol. Me ha gustado mucho. Besitos y sigue escribiendo, nunca lo dejes.

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  2. A veces te entiendo tan bien, siento una especie de conexión contigo,yo también vuelvo allí, sin saber porqué y me dejo empapar de recuerdos, nuestros recuerdos...
    No dejes de escribir porque no puedo parar de leerte...

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  3. Creo que volvemos intentando buscar lo que allí perdimos, y es un imposible, lo sabemos y no obstante tira de nosotros para que nunca olvidemos.
    Como me gusta saber que alguien entiende de lo que hablo. Un beso, sobri!

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  4. Tengo que reconocerlo PIlar, estoy enganchada a todas tus historias, incluso me meto demasiado en el papel y vivo una autentica aventura. Como me gustaría tener tu facilidad de escribir! Besos guapa, nunca dejes este bloc. Martalta

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  5. Muchas gracias Marta!
    me alegra saber que hay alguien por aquí que lee mis "paranoias", pero sobre todo me alegra doblemente saber que te gusten.
    Un beso enorme"

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Ya que estas aquí, podrías decirme que te parece todo esto! Vuelve pronto! Un saludo,
Mme. Butterfly.