jueves, 4 de febrero de 2010

40

El martes fue nuestro aniversario. Bueno, no, mi cumpleaños y tu aniversario. Siete años ya.
Qué lejos parece. No, no me engaño, yo lo siento como si hubiese sido ayer.
Sólo quiero decirte que una vez más he brindado por tí. Intenté que esta vez fuera diferente y mantener el tipo, pero resultó difícil. Es cierto que la ausencia duele todos los días, cada minuto, pero en un día como éste duele más, qué le voy a hacer, y cuesta más disimular y forzar la sonrisa, agradecida ante las felicitaciones y deseando salir corriendo y tragar el nudo de angustia que me atenaza la garganta.
Ya sé que el tiempo va rellenando los huecos vacíos de presencias queridas, pero los míos no hay forma, y no dejo de recordar aquel último día. No dejo de arrepentirme por no haberme despedido ¿tú me has perdonado? Yo no.
Daría lo que fuera por volver atrás y haberme quedado a tu lado. A veces sueño con esa noche y te cojo la mano y tú sientes que no estás sola, y te alivio diciendo que no pasa nada y pronto estarás bien, y te duermes tranquila porque cuando despertases yo estaría allí contigo. Pero no fue así y no puedo hacer nada para cambiarlo.
Mil y una veces he vuelto al lugar donde te dejamos para siempre, y siento en mis dedos, aún, la textura del polvo en el que te convertimos, un polvillo grueso y frío que besé por última vez antes de sumergirte en el agua oscura sobre la que te alejaste flotando, libre al fin, hacia lugares lejanos y desconocidos.
Te adivino siempre sonriente, burlándote de la vida y engañando a la propia muerte. Pocos tuvieron como tú el valor de hurtar a la parca unos pocos años, viviendo de prestado pero viviendo al fin, hasta que esa puta noche te diste por vencida.
Podrías haber escogido otro día.
El martes cumplí 40, los que tú tenías el día que te fuiste. Ese día yo cumplía 33. Ya nunca nada ha vuelto a ser igual.

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Mme. Butterfly.