lunes, 8 de febrero de 2010

LENNON Y LOS PINGÜINOS

Dos horas esperando junto a la puerta de la tienda de discos, sin decidirme a entrar.
Cae una lluvia molesta y fría, menudita pero persistente, y dos horas a la intemperie y sin paraguas dan para un buen constipado. Calada hasta los huesos, con los pantalones de montar en moto pegados, rígidos de frío, no se me ha ocurrido dejarme el casco puesto para no mojarme el pelo y tras dos horas los rizos se me han deshecho. Parezco Calimero.
Una buena taza de café caliente. Eso es lo que necesito. Eso y que aparezcas de una puta vez.
Tras dos horas, paso de hacer el imbécil, paso de tí, que te den. Entro en la tienda a ver si al menos encuentro algo interesante, algo de techno de los 80'...
No había estado nunca aquí y la primera impresión es un flechazo total. No hay ni un solo milímetro cuadrado que no aparezca repleto de pósters, entradas de conciertos, fotografías de artistas y grupos (los de toda la vida), portadas de discos y revistas... guau! en una esquina veo una sección enterita de literatura musical... Atraída por el papel como un imán voy para allá sin percatarme del tipo que agachado tras una estantería de casettes, rebusca en una caja de cartón entre discos viejos y al pasar tropiezo con él, con la caja y con la pared. Por suerte no le caí encima pero le dí en la cabeza con el casco.
Me mira frotándose el chichón de la frente y yo me deshago en disculpas, le agarro del codo tirando de él para intentar levantarle y le dejo la camiseta empapada. Estoy chorreando y lo voy dejando todo perdido.
Me dice, déjalo guapa, ya puedo yo solo. Y cuando se levanta me encuentro frente a frente con Lennon en persona. En serio, es él. ÉL MISMITO.
No me he caído de culo porque la hubiera armado gorda pero he debido ponerme de todos los colores y balbuceando no he acertado a decir nada coherente.
El tipo me da la espalda y desaparece tras unas estanterías. Oigo en la entrada a James Brown bocear su "sex machine", y me giro para descubrir un conjunto de pingüinos clavados en una madera sobre la puerta de entrada, que anunciaban la llegada de un nuevo cliente moviendo sus cuerpecillos enfundados en un frac y boqueando su tonadilla. Diossssssssss, qué frikada.
Por debajo, apareces, ¡por fin! con un paraguas en la mano y una escusa en la cara.
-¡ah! estás aquí!!!! Lo siento, llego tarde, es que estaba lloviendo y me volvía a casa a por un paraguas.
Yo con mi mala leche legendaria, desairada pero muy digna, te invito a volver por donde has venido, y no llames más, que gilipollas como tú a puñados...
Alguien aplaude tras la estantería de "jazz", y cuando tu portazo dice "adiós, guapa", Lennon, que ya no se parece tanto a Lennon y sí más a un hippie con gafas redonditas y sonrisa enorme, me pasa un brazo por el hombro y me dice:
- de menuda te has librado, nena, vaya imbécil. Anda bonita, quitate esa chupa que me vas a poner perdido el chiringuito. Mueve tu culo hasta aquí y vamos a elegir un tema que te anime un poco la tarde. ¿Te apetece algo en especial?
Yo no sabía muy bien qué hacer ni que decir. Los cabreos me duran... una eternidad, pero la sonrisa de Lennon invitaba a la cordialidad y qué hostias, ya que me había fallado el imbécil y ya que estaba allí...
- mmmmmm, estooooo ¿tienes un café? Pon lo que quieras. Por cierto, me llamo Celeste.
- encantado Celeste, yo soy Lennon. Ven, vamos a hacernos un canuto. Espero que hayas dejado la moto bien aparcada...
.................................

La fotografía fue hecha por Juan durante nuestra última visita a Tenerife, frente al mirador de la Piedra de la Rosa. No sabemos si es auténtico pero me gusta y quería compartirlo, ahí queda.

Dejo aquí una frase que me envía Nazaret, me ha costado entenderla pero finalmente creo que he captado el significado, lo que no sé es si estoy de acuerdo. Hoy soy un mar de dudas...
"Aunque nos olvidemos de olvidar, seguro que el recuerdo nos olvida."

jueves, 4 de febrero de 2010

40

El martes fue nuestro aniversario. Bueno, no, mi cumpleaños y tu aniversario. Siete años ya.
Qué lejos parece. No, no me engaño, yo lo siento como si hubiese sido ayer.
Sólo quiero decirte que una vez más he brindado por tí. Intenté que esta vez fuera diferente y mantener el tipo, pero resultó difícil. Es cierto que la ausencia duele todos los días, cada minuto, pero en un día como éste duele más, qué le voy a hacer, y cuesta más disimular y forzar la sonrisa, agradecida ante las felicitaciones y deseando salir corriendo y tragar el nudo de angustia que me atenaza la garganta.
Ya sé que el tiempo va rellenando los huecos vacíos de presencias queridas, pero los míos no hay forma, y no dejo de recordar aquel último día. No dejo de arrepentirme por no haberme despedido ¿tú me has perdonado? Yo no.
Daría lo que fuera por volver atrás y haberme quedado a tu lado. A veces sueño con esa noche y te cojo la mano y tú sientes que no estás sola, y te alivio diciendo que no pasa nada y pronto estarás bien, y te duermes tranquila porque cuando despertases yo estaría allí contigo. Pero no fue así y no puedo hacer nada para cambiarlo.
Mil y una veces he vuelto al lugar donde te dejamos para siempre, y siento en mis dedos, aún, la textura del polvo en el que te convertimos, un polvillo grueso y frío que besé por última vez antes de sumergirte en el agua oscura sobre la que te alejaste flotando, libre al fin, hacia lugares lejanos y desconocidos.
Te adivino siempre sonriente, burlándote de la vida y engañando a la propia muerte. Pocos tuvieron como tú el valor de hurtar a la parca unos pocos años, viviendo de prestado pero viviendo al fin, hasta que esa puta noche te diste por vencida.
Podrías haber escogido otro día.
El martes cumplí 40, los que tú tenías el día que te fuiste. Ese día yo cumplía 33. Ya nunca nada ha vuelto a ser igual.