miércoles, 13 de enero de 2010

ANOTHER CONVERSATION AT PARADISE

Tenemos una conversación pendiente pero cuando vienes a mí no dejo que hables.

Dices que tienes algo que contarme pero tus labios se pierden entre besos y olvidan las palabras preparadas, sólo recuerdan mi nombre y el camino que te lleva desde mi boca hasta mi pecho.
Ven y dímelo. Las palabras se te enredan en el mechón de mi pelo con el que juegan tus dedos. Y únicamente vierten en mis oídos caricias y suspiros.

Tienes prisa por soltar lo que venías a decir, pero como un adicto requieres abrazos, piel, saliva y calor. Y sólo cuando vienes a mí puedes calmar esa sed, saciar ese hambre y esa necesidad en la que se ha convertido nuestra rutina.

Siento tu urgencia por agotar conmigo tus fuerzas y llenarte de mí. Después, extenuado, al preguntarte ¿qué me querías contar? lo habrás olvidado ya. Y la angustia, el miedo, esa carga que ensombrece tu mirada, que vuelve más densa la distancia y difícil el olvido, desaparece y sólo hay tú, y yo, y este mundo imaginario en el que vivimos un sentimiento al que nunca nos atrevimos a poner nombre.

Pasarán los días, quizá semanas, sin verme, y de nuevo preparás tu discurso de abandono, ese que llevas rumiando meses, intentando justificar nuestro secreto engaño como un imposible. Una despedida que espero escuchar en cada encuentro y que nunca llega. Y eso te tortura y te consume.

Ya sólo encuentras alivo de nuevo perdido entre mis brazos, en este pequeño paraíso que hemos construido a nuestro alrededor y que se está deshaciendo ante nuestros ojos sin que podamos hacer nada para evitarlo.
Abro más mis brazos para estrecharte más fuerte para impedirte pronunciar palabra, para evitar que te vayas. Dejo que hablen nuestras bocas, nuestra piel, nuestras manos, nuestros cuerpos, creando una poesía asonante que leer despacio entre las sábanas. No volveré a llorar, escribiré sobre tí.
Mientras, te pierdo, irrevocablemente.

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Mme. Butterfly.