viernes, 30 de octubre de 2009

PALABRAS DE CRISTAL (para un rey transparente)

Ssshhh, cállate, no hables.

Las palabras fruto de las emociones salen de la boca demasiado deprisa y suelen terminar diciendo cosas que no son del todo verdaderas. Debemos respetar las palabras, porque son el recipiente que da forma a lo que somos.

Los tiempos difíciles son siempre embusteros y llegan contaminados de malas palabras.

El castigo no enseñaría y las disculpas no aplacarían si no estuvieran sustentadas por palabras sinceras. ¡Qué sería de la literatura sin la desnudez transparente del poeta!

Escrito está en la Biblia: al principio fue el Verbo.

Es la palabra lo que nos hace humanos, lo que nos diferencia de los otros animales.


El alma está en la boca. Pero, para nuestra desgracia, los humanos ya no respetamos lo que decimos.

Escucha con atención e intenta revelar la ponzoña escondida en el verbo terso y delicado. Algunas palabras son como miel. Pero las palabras no deben ser como miel, pegajosas y espesas, dulces trampas para moscas incautas.
Las palabras deben ser cristales transparentes y puros que nos permitan contemplar el mundo a través de ellas.

Hay una palabra que quiero compartir CONTIGO. Escúchala pero no la oirás. Siéntela por que te la envío desde el corazón.

GRACIAS, amigo.

(Inspirado en un fragmento del libro "Historia del rey transparente", de Rosa Montero.)

jueves, 22 de octubre de 2009

MIL MARIPOSAS


Acabo de ver en la tele un programa de decoración en el que un tipo anoréxico muestra cómo se gana la vida ilustrando objetos decorativos, desde sábanas y cortinas, a lámparas, muebles, espejos... pasando por esas pegatinas que se llevan tanto ahora, para las ventanas, paredes, puertas...
Casualmente hace poco me han regalado un surtido de esas pegatinas con forma de mariposas que he pensado colocar en la cristalera de la terraza, y es que últimamente se están poniendo muy de moda las mariposas...

Están en todas partes: en la calle, en la publicidad de la televisión, en los logotipos de las marcas, en productos de belleza, en la ropa, en las horquillas del pelo, en los bolsos y hasta en los zapatos. Parece ser que también es uno de los motivos más habituales a la hora de elegir un tatuaje...

En fin, nada es único ni original. Y yo estoy encantada de ver mil mariposas a mi alrededor.
Sólo espero que nadie me quite la exclusiva pseudoliteraria de mis bichos verdes, pero tiempo al tiempo... pena que no me sirva de mucho para ganarme la vida, aunque me la hace más agradable.
De momento estoy pensando en un nuevo lema para el blog, pelín hortera pero con buen fondo: ¡pon una mariposa en tu vida! verás el mundo en color.

Por cierto, la imagen está extraída de un ppt con fotografías de un conocido artista callejero que se dedica a pintar imágenes tridimensionales en las calles. Es impresionante!

lunes, 19 de octubre de 2009

BÁLSAMO FUGAZ

Otra vez el mar.
Huímos en busca de descanso, lejos de nuestras rutinas, de la ciudad, de nosotros mismos.
El mar nos recibe, siempre paciente, esperando en su orilla, como el amigo lejano que nunca nos puede visitar.
Las olas, anfitrionas engalanadas, se han vestido de plata para darnos la bienvenida y se agitan formando espuma para venir a salpicarnos los pies.

Los besos del mar son siempre salados.

Se nota ya el otoño y un tímido sol se acerca a saludar entre las nubes.
El viento es húmedo y caprichoso, no sabe si quiere o no, pero te agita por dentro.
Hace tan sólo unos días hubo tormenta. Nos cuentan que las aguas escupieron tesoros inmundos que hoy los niños juegan a explorar junto a la orilla.
Caminamos por la arena con los pies descalzos, las sandalias en la mano, esquivando peces muertos, babosas, esponjas, algas, maderos y redes, y otros restos que el agua no ha querido retener. Un poco más allá, unas pocas gaviotas picotean los ojos de un pez que aún boquea. Encuentro una concha bellísima que guardo para mi colección.
El mar siempre te agasaja con algún recuerdo bonito, es para que no lo olvides y vuelvas.

Un rayito de sol que pica me anima a lanzarme al agua y dejarme abrazar por mi querido amigo.
Me subo a una ola, me sumerjo y buceo con los ojos abiertos. Siento las agujas heladas del agua fría que me queman la cara, las piernas, los pulmones, cortando la respiración; pienso que sería fácil dejarse arrastrar por la corriente y hacia el fondo, quedarme allí para siempre...
Cuando ya no aguanto más, vuelvo, salgo a respirar. Las olas me han alejado de la orilla y tengo que hacer un esfuerzo enorme por bracear contracorriente y alcanzar un punto donde hago pie. Me golpean, trago un poco de agua, me zarandean un poco, juguetonas.
En la orilla, un viejo con gorra y bastón me abronca. Salgo del agua y me grita que estoy loca. Se marcha hablando solo y vuelve la vista atrás recriminándome mi imprudencia.

Los locos de ciudad no sabemos comportarnos, al mar hay que respetarlo y dejarle gruñir cuando está furioso.
Yo en el mar me desahogo.

En la arena me esperan una toalla y una sonrisa.
Durante unas horas, el mar nos hipnotiza y nos obliga a someternos a la terapia del olvido.
Ahogamos, minuto a minuto, en esa superficie antes plata y ahora verde, los agobios y preocupaciones que cargamos en nuestro viaje. El sol hace que se evaporen saliendo de nuestras cabezas como nubes que flotan sobre las aguas y, allá lejos, en la línea del horizonte, se hunden para no volver más.
El mar cambia lágrimas y suspiros por cantos de sirena y rumor de caracolas.

Cúmulos blancos se pasean por el cielo azul sobre nuestros cuerpos. Jugamos a descubrir seres extraños y caras grotescas en sus formas algodonosas, pero sopla fuerte el levante y las nubes se deshacen rápido, se van.
La tarde pasa rápida y no hay atardecer, el Mediterráneo no sabe de cielos rojos.
La luz se vuelve amarilla hacia el sur y el cielo es gris hacia el interior, preludio de agua de lluvia.
Sobre el mar, ahora en calma, brillan hilos de oro y plata sobre un espejo de agua verde oscura. El verde, siempre el verde, nos regala un último espectáculo con su contemplación.
La oscuridad nos invita a despedirnos, hasta la próxima, hasta otra, hasta siempre.
Volveré.

Ahora, con mi concha al lado, recuerdo haber dejado en la orilla un mal sueño, un quebradero de cabeza, una escusa y cinco minutos de dolor.
Me perdono el descuido. Bálsamo fugaz esta visita al mar.

miércoles, 7 de octubre de 2009

AQUELLOS MARAVILLOSOS PRIMEROS BICHOS


Hace unos días, cuando marché de vacaciones, metí en la maleta el viejo cuaderno de tapas blandas que tantas veces me ha acompañado ya.
Es la libreta en la que acostumbraba a verter pedazos del tiempo y algunos pensamientos antes de pasarme al teclado del ordenador.
Lo cogí por si acaso, por si necesitaba contarme algo o me sucedía alguna cosa digna de contar.
Inevitablemente, durante estos días de ocio lo he ojeado y me he sorprendido al releer lo que desde ahora llamaré el origen de mis "mariposas"...

Sin llegar a ser un diario, este blog no estaría completo si no transcribo algunos de aquellos primeros bichos. Son sólo extractos, fragmentos, pero así quedarán aquí con el resto de bichos, en este pequeño almacén.

"De nuevo estoy aquí. Frente a una página en blanco, con mi bolígrafo negro y mis manías, dispuesta a sacarme de dentro todo lo que no soy capaz de escupir ni de tragar. Hoy vuelvo a escribir."

"No es que tenga nada especial que contar, en el fondo nunca lo he tenido. Soy realista: mi vida es como una de esas tragicomedias de la tele, amarga a veces pero alegre y feliz otras, como tantas otras vidas anónimas de hombres y mujeres que a diario se cruzan en nuestro camino: anónima y vulgar. Pero dentro de esta vulgaridad... siento que algo aletea luchando contra la ira, la rabia, la sumisión, la tristeza, la incomprensión, la derrota... son las mariposas que me revuelven el estómago."

"En ocasiones, mis mariposas baten sus alas y me transmiten ilusión, me recuerdan que aún quedan sueños por hacer realidad, que todo es posible, y me inundan de sensaciones y momentos agradables. En otras ocasiones, como hoy, los bichos corretean por mi cerebro desordenándome el pensamiento, destrozándome los nervios, provocándome náuseas de ira y vertiendo en mi boca respuestas hirientes. Todas ellas, bellas o no, son mis mariposas verdes."

"Hoy he hablado con un amigo de mis mariposas verdes, como idea de algo sobre lo que estoy escribiendo, y como mi particular manera de catalizar una situación personal complicada, en un intento de transformarlo todo en algo que pueda ver, leer, comprender y controlar.
...
Ha sido curiosa su reacción...
...
le intento explicar que las mariposas son una especie de metáfora de la fragilidad, de la levedad, de belleza efímera...
...
y según él, el verde es verde que te quiero verde...
...
y si elijo el verde es como símbolo de esperanza, aunque también de la envidia y de la ira, que hoy viven todas conmigo."

"Hoy las mariposas han estado más tranquilas. A ratos volvían y me escocían los ojos, intentando llevarme lejos, empujándome hacia recuerdos que hacen llorar. Pero he sido más fuerte y he puesto en práctica uno de aqullos ejercicios mentales... he construido una fortaleza y me he encerrado dentro. Esta fortaleza es un escondite, un rincón, una cámara acorazada donde guardaré secretos, deseos, sueños... en ocasiones acudo a la fortaleza y me encierro a esperar que el viento cambie de dirección. A veces dejo que una mariposa entre y se pose sobre alguno de mis rincones favoritos. Luego, levanta el vuelo y se marcha llevándose una parte de mí. La dejo ir en libertad con el deseo de que sepa encontrar la dirección exacta donde depositar esa minúscula parte de mi persona, con la esperanza de hacer realidad algo de lo que callo y oculto..."

"He esperado escuchando el sonido de la tromenta ahí fuera, rompiendo el silencio oscuro con un estruendo de truenos, mientras yo me oculto a solas para buscar dentro de mí esa paz que es el verdadero tesoro...
...
ahora estoy en ella, en este encierro voluntario cómodo, mullido, silencioso, que apacigua poco a poco la rabia verde que pugna por salir en cuanto abandono mi escondite.
Ahora que la tormenta está amainando espero el regreso de la luz, cuento los días, minutos, años... hasta mis pasos cuento... antes de salir y enfrentarme al mundo real."

martes, 6 de octubre de 2009

HABLAR POR HABLAR

El silencio de las últimas semanas se ha roto.
Celeste ha aparecido con un nuevo peinado y estrenando zapatos.
Parece que el otoño, con sus ventoleras repentinas y cambios de tiempo, acumula la hojarasca en mi puerta y me pone de mal humor.
El verano ha pasado escurriéndose, agua que se escapa entre los dedos y ya no quedan ni restos de humedad. El calor se resiste a rendirse haciendo los días pesados y largos.
Celeste se aferra a sus vacaciones como escusa para hablarme. Yo cierro los oídos y me tapo la boca intentando evitar que me contamine con su palabrería, sus secretos, sus consejos desaconsejables, su cariño meloso e infantil que es a la vez veneno y amor.
Quiero seguir en mi encierro voluntario de silencio confortable; son ya demasiadas palabras para poder ordenarlas con sentido; verborrea aburrida que no comprendo; incomunicación e incomprensión.
Algo pasa y Celeste lo intuye, por eso viene, por eso me pregunta, por eso me ha estado leyendo a escondidas.
Yo querría que ella se marchase para siempre pero estamos demasiado unidas para pensar en una escisión. Quisiera que dejara de atormentarme con sus paranoias y sus mentiras, con su locura, su melancolía y su falsa alegría.
En el fondo Celeste es buena. No, es la mejor.
Pero añoro su silencio, cuando todo era más fácil.
Cuando hay silencio es más fácil escapar, disimular, huir.
Celeste, querida, cállate. No hables tanto, y actúa.
Seguro que tarde o temprano lo lamentaré.

lunes, 5 de octubre de 2009

BUSCA EL TRÉBOL DE CUATRO HOJAS

Buscad, buscad.
Yo no soy supersticiosa. No creo en el azar, ni en el destino, ni en el karma que te devuelve diez veces lo que das. A veces, ya no creo ni en las personas. Pero sólo a veces.
¿Qué es la suerte?
¿Nacer entre algodones? ¿que te esquive la enfermedad? ¿crecer rodeado de amor y alegría? ¿vivir feliz al margen de las miserias que azotan al mundo y a los corazones humanos?
Conozco al menos dos docenas de personas cuyas vidas son más o menos así, y no se consideran personas con suerte. Y también conozco todo lo contrario.
O la suerte no existe o no es lo que pensamos.
La suerte, azar, fortuna o buena estrella no es siquiera fiel, nadie puede vivir eternamente en su nube de feliz ignorancia hacia los dolores ajenos. No es humano.
Yo creo más en los estados de ánimo positivos, en encontrar aquello que nos hace felices, cosas y momentos que nos proporcionan sensaciones gratas: la compañía de un amigo, un libro que volver a leer, una casa a la que regresar, un lugar inolvidable, un sueño para vivir despiertos, un amante silencioso, una canción que nos evoca recuerdos...
Somos afortunados por estar ahí, por tener con quien compartirlo, y porque sabemos lo que significa no tener, no estar, no poder.
Te cuento un secreto: mi fortuna es pequeña pero tú la conviertes en un gran tesoro. Cuando escucho tu voz, cuando me guiñas un ojo, cuando apoyas tu cabeza en mi hombro, cuando me soplas el pelo, cuando me miras a los ojos y los tuyos sonríen, cuando buscas una excusa para estar conmigo, cuando me contradices y descubro un aspecto nuevo de tí, cuando me regalas un dulce a escondidas, cuando te inventas palabras, cuando sólo tú y yo sabemos de lo que nos reímos, cuando me sorprendes, cuando sueño contigo... siento que todo tiene sentido. Siento que encontré mi trébol de cuatro hojas.

jueves, 1 de octubre de 2009

No dejes que la tristeza se adueñe de tu cara. Podría anidar de tal manera que nunca te reconozcas.

Hoy, varias mariposas ya no están.
Un viento otoñal, frío y seco, las ha alejado en direcciones opuestas, hacia destinos desconocidos, líneas divergentes que se pierden en la lejanía.
Sólo queda esperar que ese mismo vendaval que hoy separa nuestros caminos, vuelva algún día a reunirnos, transformado en un soplo de brisa suave y cálida, lo malo será entonces tan sólo una anécdota.

Bienaventurados los que lloran... porque sólo ellos saben lo valioso que es lo que han perdido.
Dichosos los que no esperan demasiado... porque nunca se sentirán defraudados.

Zenkiu Mentxu.