miércoles, 27 de mayo de 2009

UN LARGO VIAJE

Desperté muy temprano. Ni siquiera había amanecido aún.
No quise mirar la hora: -qué mas da, cuánto antes salga antes llegaré.-
Tras la ducha un café rápido; camiseta, vaqueros, sandalias; bajar persianas, tirar la basura, revisar el riego automático y bajar los bultos al coche.
Ya la noche anterior había dejado todo listo: maleta mediana, bolso y cámara esperaban junto a la puerta.
Cuando me coloqué frente al volante aún era noche cerrada. No miré atrás, salí del garaje y encendí la radio.
El tráfico de Madrid ya era denso; los conductores en sus vehículos, dirigiéndose a sus trabajos me parecieron ovejas enlatadas. Qué triste. Me hizo ilusión pensar que, para mí, todo eso quedaba atrás.
Por delante sólo la carretera y un cielo que empezaba a despertar.
Sonriendo puse rumbo al sur.
Sobre el asiento, a mi lado, la guía de carreteras cerrada. Había decidido improvisar.
Inserté un cd especialmente grabado para la ocasión y tarareando al compás de mi música favorita fueron pasando las horas. El sol pronto se puso a seguirme, venía conmigo.
Dejé atrás un paisaje monótono donde los polígonos industriales daban paso a secarrales y poblaciones medio desiertas.
Algunos generadores eólicos enmedio de ningún sitio marcaron el tránsito a un paisaje más agradable mientras la vegetación ganaba densidad.
Paré para tomar un café ¡qué coño! y unas tostadas y un zumo de naranja recién exprimido y bien fresquito que me supo a gloria.
Me senté a la sombra de un gran árbol, no sé decir cuál pues no se me dan bien esas cosas de la naturaleza y además me da igual, pero sé disfrutarlo.
La terraza ajardinada se abría a un río de escaso caudal que llenaba de verde el horizonte y refrescaba la vista (mis mariposas se agitaron de gusto). Casi sentí pena al tener que retomar el camino pero tenía una cita, el mar me esperaba cerca ya. Lo sentía.
Un rato después, cerca del mediodía intuí, divisé una línea azul a lo lejos, paralela a la carretera. Bajé el cristal de la ventanilla y aspiré con fuerza y dí la bienvenida a la sal que impregnaba el aire que llenó mis pulmones.
Salí de la autovía para tomar una carretera secundaria, luego otra y más tarde otra. Me estaba empezando a relajar.
Conduje más despacio y comencé a disfrutar del paisaje deleitándome con el aroma de los pinos y el viento que se colaba para hacerme compañía.

"La vida misma es el viaje que menos apreciamos"

Esta es la primera parte de tres. Para conocer el resto de la historia sigue los siguientes enlaces:

UN LARGO VIAJE (II): PRIMEROS CONTACTOS http://celeste-mariposasverdes.blogspot.com.es/2009/05/un-largo-viaje-primeros-contactos.html
UN LARGO VIAJE (III): LO DIFÍCIL ES VIVIR http://celeste-mariposasverdes.blogspot.com.es/2009/06/el-largo-viaje-final-lo-dificil-es.html

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Mme. Butterfly.