domingo, 15 de febrero de 2009

DE LA AMISTAD, A VECES

A veces, sólo en ocasiones, alguien aparece frente a la puerta de nuestra casa, que es la vida, y nos sorprende con un regalo.
Una sonrisa gratuita, porque si.
Una palabra amable, sin doble intención.
Un abrazo sincero, lejos de formulismos.
Un beso robado, con ganas, con emoción.
A veces, sólo de vez en cuando, llega una persona desconocida, o invisible, con quien no se había cruzado más que alguna palabra cortés, con quien no se ha compartido sino un momento fugaz, un tú entras y yo salgo, hasta luego ¿y este quién es?, de quien no sabes nada, ni mostraste interés, y es, de repente, a veces, un feliz descubrimiento.
A veces, personas que no te conocen y de las que apenas sabes nada, con un gesto breve, sencillo, te tocan el corazón.
Un recorte de tela con lentejuelas pegadas, un broche de madera con forma de mariposa, una nota escrita a prisa pero sólo para tí... son apenas pequeños detalles pero ¡cuánto me alegran! siento un nudo en la garganta, me bloqueo y no sé que decir, siento que dar las gracias es un gesto muy pequeño, es muy poco para expresar lo que no acierto a decir.
A veces, un amigo demuestra que le importas, que ha pensado en tí, que te ha dedicado un poco de su tiempo y se ha puesto en tu lugar.
A veces, encontramos amigos donde no lo esperábamos, porque ¿qué es la amistad sino dar a los demás un poco de nosotros mismos?
A mis amigos gracias, y en especial a Noelia, María, Elena, Nazaret y Paloma, porque vuestros detalles, por inesperados, me han emocionado. Sólo espero estar a la altura, reto difícil, pero ahí vamos, juntos.

viernes, 6 de febrero de 2009

SOBRE EL AMOR Y OTRAS MISERIAS


Amenaza San Valentín. Sí, el santo. Bueno, el santo no, el invento de otros para celebrar el día de los enamorados. Se nota en la calle, en concreto en las tiendas: todo es rojo/rosa, cursi, plagadito de corazones.
Como ocurre en Navidad ya ha comenzado el debate social ante el impacto comercial de tal fecha. Señores clientes posiciónense ¿están ustedes a favor o en contra?

A un lado del ring los que reniegan y acusan de ser una burda implantación de un concepto americano (puro marketing, vamos), replican que si eso es un invento del Corte Inglés (capital español) para vender más, o que cualquier día es bueno para celebrar el amor en pareja... Suelen mezclarse con la tediosa soledad de los solteros empedernidos que desprecian la fiesta por ser cosa de "esos pringaos que se crean ataduras y no saben lo que se pierden... yo no quiero novia ni loco...". Tiempo al tiempo, estos mismos son los que luego quedan con sus amigotes para salir a beber y se caracterizan por pasarse la noche mirando de reojo y con un puntito de envidia a las parejitas que se hacen arrumacos por las esquinas, o intentando ligar con una desconocida tan sola, desilusionada y triste como ellos.
Yo tengo una teoría y después de tanta parrafada voy a exponerla, que para eso estamos, y es que a ese sector humano nada les satisface lo suficiente ni merece su aprobación. Están diseñados genéticamente para la crítica feroz, venga de donde venga y a donde quiera que vaya dirigida. También los hay que sólo se quieren a sí mismos...

Pasemos al otro lado del ring. Allí se concentran los defensores a ultranza del amooooooooor, los que corren orgullosos con los brazos llenos de flores y una sonrisa "profident" en sus labios a fundir la visa en una tarjeta de felicitación con forma de corazón of course, bombones y cenas a la luz de las velas para su amooooooooor.
Algunos son cursis pero tímidos y envían mensajes anónimos declarando su amooooor (qué buena estás) a la vecinita del quinto, al carnicero o al del quiosco de la ONCE. A este lado también se concentran los estudiantes, castigados por sus hormonas, que anhelan ser invitados a salir por el chico más popular o la rubia más explosiva de la clase.
Luego están los que hacen de ese día una especie de "Orgullo Romántico", llevando por bandera sus declaraciones de amor y mostrando su cursilería, un puntito hortera, aderezada con baladas ochenteras. Estos disfrutan más quejándose y añorando el amor perdido, por eso celebran especialmente ese día: encuentran mucho apoyo entre quienes "desengañados" desean "volver al redil".

Yo en estas cosas, como casi siempre, me cuesta definirme. Entiendo a los que se duelen en silencio y a los que defienden a ultranza su individualismo antiromántico.
Entiendo que la clase empresarial se aprovecha de la efemérides igual que el día de la madre, el padre o los reyes magos, para hacer caja.
Entiendo que el amor se puede celebrar todos los días pero también me apunto a tener un día especial. Y no lo hace especial ni el Corte Inglés, ni las flores, ni la cena con velitas. Yo soy quien hago de ese día algo especial, porque así lo siento y lo quiero compartir: un momento especial con una persona especial, eso sí, sin caer en la cursilería empalagosa que nos venden el cine y la publicidad.
En el fondo, todos tenemos ciertas reticencias en lo tocante a expresar nuestros sentimientos. Nos avergonzamos al hablar de los que sentimos e incluso de nuestras relaciones. Algunos asumen el asunto romántico como algo privado y ¡top secret! como un acto íntimo que esconden y no comparten con la sociedad.

A mí me da igual, como al resto, me importa poco lo que hagáis mientras seáis felices y no cometáis delitos, solos o en pareja, tríos o de flor en flor... pero me preocupa que este sea un síntoma del deterioro de nuestra sociedad, de una pérdida de valores y una decadencia (ojo, no me confundáis que esto no es un mitin del PP) en las costumbres. Prefiero verlo más como una muestra palpable del individualismo creciente y petulante, sólo espero que la meta no sea el aislamiento...
Uf, no quería llegar a este punto metafísico. Pero como este es mi blog creo que tengo derecho a hacer apología de lo que me dé la gana, así pues sólo me queda decir: amaos unos a otros, amigos y amantes.
Y a ser posible tened sexo, mucho y gratificante.


He encontrado estas estupendas imágenes en Internet. Gracias!

jueves, 5 de febrero de 2009

CÓMO OLVIDAR...

Voces que rumorean a tus espaldas.
Miradas de reojo que siguen tus pasos: corrillos ociosos sin nada mejor que hacer.
Un puerta se entreabre, una cabeza asoma sonriente, te mira y disimula una sonrisa para volver a desaparecer.
Saludas y no recibes respuesta.
Eres el foco de atención pero te ignoran.
Rehuyen cruzar tu mirada, mil excusas para evitarte.
Un papel cae arrugado al suelo junto a tu mesa. Te agachas, lo coges y lo abres sin dejar de mirar a tu alrededor.
Todos callan, te observan: esperan expectantes.
Tu cara enrojece y deseas menguar hasta desaparecer, encogido en tu silla.
Te señalan, ríen, cantan tu nombre.
Tus oídos y puños se cierran sobre el mensaje anónimo con dos nombres escritos unidos por un corazón.
Tienes quince años, acné y tres para septiembre.
Coges tu mochila del suelo y corres pegando portazo al eco de las risas que permanecen aún en tus oídos.
Huyes de la vergüenza de quien no se movió del sitio, incapaz de protestar.
Pero ¡cómo olvidar aquellos ojos azules! ¡ese pelo rubio! ¡esas manos finas!

domingo, 1 de febrero de 2009

DESPERTAR


Aún antes de abrir los ojos sentí la lluvia repiqueteando contra la ventana. Me gusta esa sensación: salir del estado de letargo sin prisa, con los sentidos como acolchados, estirando el cuerpo poco a poco, resistiéndome todavía a mirar este domingo de agua.
Aún antes de asomar bajo el edredón sentí el frío de fuera, el silencio matinal, la lentitud de los minutos y la música de tu respiración y sin abrir los ojos he sentido que estabas aquí, a mi lado.
He girado entre las sábanas, volviéndome con cuidado, calculando la distancia para no molestarte en tu sueño, pero tu cuerpo se ha apretado contra el mío buscando calor, acomodándose en el espacio libre que nunca termina de llenarse.
Un cúmulo de sensaciones me envuelven provocadas por el olor inequívoco de tu pelo sobre la almohada, el perfume de ayer que invade la habitación, el tacto de tu piel desnuda y dormida, el suspiro que dejas escapar mientras te revuelves aún en sueños.
He abierto los ojos y estabas aquí.
Me ha costado despegarme de tí, romper ese momento que sólo yo disfruto y sacar las piernas despacio de la seguridad de la cama. pero he abierto los ojos y el sonido de la lluvia en la ventana me ha atraído. Te he arropado y en silencio he salido de la habitación, de puntillas, recuperando mi ropa esparcida por el suelo. Te dejo descansar.
El aroma de café de algún vecino se cuela por debajo de la puerta y me recuerda que no soy nadie sin cafeína en las venas. Desplazo mis pies hasta la cocina, abro armarios, saco tazas, busco leche, preparo mi bandeja y un vistazo a la ventana me sorprende pues veo caer grandes copos de nieve. Pareciera que alguien está desmenuzando grandes tiras de esponjoso algodón sobre mi tejado, la lluvia de hace un rato se ha vuelto escarcha que cubre de blanco la terraza.
He dejado el café para más tarde, quiero que veas esto, voy corriendo a despertarte y compartir contigo un despertar nevado. Abre los ojos: está nevando.