sábado, 31 de enero de 2009

LA SONRISA DE CELESTE

Celeste, está triste. ¿Qué tendrá Celeste?
En la vida de Celeste hay varios fantasmas que en ocasiones reaparecen para asustarla y alterar el frágil equilibrio sobre el que desplaza sus tacones por la vida.
Uno, el del desamor, le rompió el corazón y, como si de un reuma crónico que reacciona ante el aire cargado de humedad y precursor de la lluvia se tratara, en determinadas fechas se presenta y revuelve el estómago de Celeste, quien habiendo olvidado y superado el abandono, no entiende porque su fantasma no asume que ella ya no lo necesita, ya no piensa en él, no la pone triste, ni nerviosa, ni melancólica, pero su coeur, apañado con tiritas y soldado tras años de cicatrices, deja escapar una lagrimilla de sangre que cae sobre el recuerdo, memoria imborrable.
Otro, el fantasma de la pérdida, que fue el que más dolió, empaña los ojos de Celeste frente a fotos de la infancia y conversaciones familiares en susurros. La pérdida irreparable, la marcha de quien nunca va a volver y la pena por no haber sabido decir a tiempo todo lo que se calló. Este fantasma es más persistente y se ha convertido en una presencia constante con la que Celeste ha aprendido a convivir, qué remedio, callándola resignada.
Otro, el más cruel, aún vive en Malasaña. Es Celeste quien de cuando en cuando regresa a visitarlo y charlan de aquellos días de "Movida madrileña" cuando las drogas y la delincuencia les marcaron para siempre. Toda una generación de un barrio mermado, corroído, en un entorno cultural que despegaba, que se liberaba de las ataduras que constreñían su creatividad, gente joven deslumbrada por el nuevo panorama donde libertad y libertinaje fueron la misma cosa. Ninguno llegó a adivinar lo que aquel estado "de gracia artificial" haría con sus vidas. Mierda de drogas, mierda de malasaña y mierda de movida. Si hubieseis estado allí...
Pero Celeste regresa, una y otra vez, para contar al fantasma que ella sigue aquí, que consiguió salir y lograr lo que siempre quiso: ser libre. Pero Celeste no olvida y no perdona, dejó atrás demasiadas cosas.
Hay algo que a Celeste siempre le hace sonreir: es el mar.
El recuerdo del mar infinito e inabarcable. Mariposa azul que, como dice "el Principito", es lo único más grande que tú.
Agua donde ahogar las penas, donde flotar sobre la tristeza, donde mezclar lágrimas y sumergirse sin respirar hasta rozar la muerte.
El mar, lugar de donde regresar liberado. La imagen del mar como escondite para huir.
Para Celeste queda esta fotografía azul.
¡Corre Celeste! nada hasta el futuro y olvida.

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Mme. Butterfly.