miércoles, 18 de noviembre de 2009

¡FELIZ CUMPLEBLOG!

En estos días se cumple el primer año de este cajón de sastre que son mis mariposas.
Un añito en el que hemos comenzado a andar juntos, de la mano de las letras y las ideas, volando sobre unos bichos imaginarios que hacen cosquillas en el estómago y, a veces, escuecen los ojos.
Hoy, ahora, es buen momento para echar la vista atrás y reflexionar sobre el resultado.
En estos 360 y pico días he aprendido varias cosas.
Que nunca es tarde para volver a retomar lo que nunca se abandona, porque nunca se olvidó...
que el ejercicio de volcar en letras las palabras que no conseguían salir de mi garganta ha dado resultado...
que a pesar de mi estilo críptico estoy logrando desenmarañar mis propias metáforas y voy aprendiendo a vivir con ellas...
que Celeste nunca se irá si yo no la dejo ir...
que no soy tan fuerte como pensaba...
y he aprendido a arrepentirme sin arrepentimiento.
Un año pasa muy rápido y al menos éste ha dejado huella. Quizás no vuelva a escribir pero hoy llevo una mariposa tatuada en mi piel que me recuerda a diario quien soy y, sobretodo, que tengo una preciosa colección de bichos a los que os debo mucho, mucho. Os llevo conmigo.
No sé muchas cosas ni estoy segura de saber hacer algo bien, pero tengo mis palabras y esta plataforma desde la cual os doy las gracias por estar ahí, conmigo.
¡Feliz cumpleaños, mariposas!

sábado, 14 de noviembre de 2009

AUREVOIR CELESTE, BIENVENUE MADAME BUTTERFLY!

Sobre la piel sólo llevaba un aroma, dulce y espeso, una nube de encaje negro y purpurina plateada.
La despedimos sin lágrimas, con la resignación del que espera desde hace tiempo el único desenlace posible.
No hubo palabras leídas, cantadas o declamadas desde un púlpito. Ya estaba todo dicho.
Se fue dejando tras de sí varios corazones rotos, un alter ego confuso y una vida desordenada, desapacible, descarada, desarraigada, digna de otros muchos adjetivos que empiezan por "des".
Cuando el último de los presentes hubo abandondado el pequeño cuarto, yo misma cerré la puerta en silencio no sin antes echar la vista atrás, sólo por una vez, la última vez.
No sé si fue mi imaginación pero allí frente a la ventanita de cristal tras la cual Celeste ardía sus últimos fuegos, creí atisbar dos pequeñas mariposas verdes revoloteando alegres ante su morada final. Sutil despedida.
Puede que lo imaginara y parpadeé con sorpresa. Cuando abrí los ojos nada ví.
Tome aire, respirando profundamente, aspirando con ansia un oxígeno que por primera vez en mucho tiempo sentía limpio y transparente.
Caminé segura y erguida hacia mi nueva vida, el resto de mi vida, imaginando en mis oidos las notas del aria dulce de Verdi: la Callas interpretando el papel de japonesa ultrajada y abandonada.
Belleza en estado puro agitando las alas, pugnando por sobrevivir.
Me lo he prometido: nunca más Celeste.
Bienvenida, Madame Butterfly.

A LITTLE CONVERSATION

Ven aquí. Siéntate a mi lado. No, no digas nada. Relájate, quiero contarte algo.
Mírame.
¿Sabes qué es lo que me gusta de tí? No, claro que no, qué vas a saber.
Te cojo la barbilla y giro tu cara hacia mí. Mírame y no hables.
Sólo tienes que escuchar.
Quiero que escuches y me mires.
Si te ríes me va a costar ponerme seria. Tengo un nudo en la garganta y se me eriza el vello de la nuca.
Escúchame.
Cojo tu mano y siento tu temblor, pero no la apartas y puedo sentir como tus dedos rozan suavemente los míos.
¿Sabes? me gusta que seas tan... Tan así.
No sé nada de tí, no sé quién eres. Te miro y veo una inmensa caja fuerte cerrada con mil candados, un libro sin título y con las páginas en blanco, un enigma imposible.
No sé quién eres, ni qué te gusta, ni qué haces, ni en qué piensas, ni qué opinas.
¿Por qué me miras así?
No sé nada de tí, pero no importa, te siento muy cerca.
Y no sé si quiero saber. Te quiero así y así me gusta.
No eres fácil y eso hace todo mucho más interesante. Yo puedo seguirte el juego y no pedir nada a cambio.
Bueno, algo sí te quiero pedir. No me mires. Cierra los ojos.
¿Confías en mí?
No deberías.

(Continuación de "Another conversation at paradise". Continuará.)

viernes, 30 de octubre de 2009

PALABRAS DE CRISTAL (para un rey transparente)

Ssshhh, cállate, no hables.

Las palabras fruto de las emociones salen de la boca demasiado deprisa y suelen terminar diciendo cosas que no son del todo verdaderas. Debemos respetar las palabras, porque son el recipiente que da forma a lo que somos.

Los tiempos difíciles son siempre embusteros y llegan contaminados de malas palabras.

El castigo no enseñaría y las disculpas no aplacarían si no estuvieran sustentadas por palabras sinceras. ¡Qué sería de la literatura sin la desnudez transparente del poeta!

Escrito está en la Biblia: al principio fue el Verbo.

Es la palabra lo que nos hace humanos, lo que nos diferencia de los otros animales.


El alma está en la boca. Pero, para nuestra desgracia, los humanos ya no respetamos lo que decimos.

Escucha con atención e intenta revelar la ponzoña escondida en el verbo terso y delicado. Algunas palabras son como miel. Pero las palabras no deben ser como miel, pegajosas y espesas, dulces trampas para moscas incautas.
Las palabras deben ser cristales transparentes y puros que nos permitan contemplar el mundo a través de ellas.

Hay una palabra que quiero compartir CONTIGO. Escúchala pero no la oirás. Siéntela por que te la envío desde el corazón.

GRACIAS, amigo.

(Inspirado en un fragmento del libro "Historia del rey transparente", de Rosa Montero.)

jueves, 22 de octubre de 2009

MIL MARIPOSAS


Acabo de ver en la tele un programa de decoración en el que un tipo anoréxico muestra cómo se gana la vida ilustrando objetos decorativos, desde sábanas y cortinas, a lámparas, muebles, espejos... pasando por esas pegatinas que se llevan tanto ahora, para las ventanas, paredes, puertas...
Casualmente hace poco me han regalado un surtido de esas pegatinas con forma de mariposas que he pensado colocar en la cristalera de la terraza, y es que últimamente se están poniendo muy de moda las mariposas...

Están en todas partes: en la calle, en la publicidad de la televisión, en los logotipos de las marcas, en productos de belleza, en la ropa, en las horquillas del pelo, en los bolsos y hasta en los zapatos. Parece ser que también es uno de los motivos más habituales a la hora de elegir un tatuaje...

En fin, nada es único ni original. Y yo estoy encantada de ver mil mariposas a mi alrededor.
Sólo espero que nadie me quite la exclusiva pseudoliteraria de mis bichos verdes, pero tiempo al tiempo... pena que no me sirva de mucho para ganarme la vida, aunque me la hace más agradable.
De momento estoy pensando en un nuevo lema para el blog, pelín hortera pero con buen fondo: ¡pon una mariposa en tu vida! verás el mundo en color.

Por cierto, la imagen está extraída de un ppt con fotografías de un conocido artista callejero que se dedica a pintar imágenes tridimensionales en las calles. Es impresionante!

lunes, 19 de octubre de 2009

BÁLSAMO FUGAZ

Otra vez el mar.
Huímos en busca de descanso, lejos de nuestras rutinas, de la ciudad, de nosotros mismos.
El mar nos recibe, siempre paciente, esperando en su orilla, como el amigo lejano que nunca nos puede visitar.
Las olas, anfitrionas engalanadas, se han vestido de plata para darnos la bienvenida y se agitan formando espuma para venir a salpicarnos los pies.

Los besos del mar son siempre salados.

Se nota ya el otoño y un tímido sol se acerca a saludar entre las nubes.
El viento es húmedo y caprichoso, no sabe si quiere o no, pero te agita por dentro.
Hace tan sólo unos días hubo tormenta. Nos cuentan que las aguas escupieron tesoros inmundos que hoy los niños juegan a explorar junto a la orilla.
Caminamos por la arena con los pies descalzos, las sandalias en la mano, esquivando peces muertos, babosas, esponjas, algas, maderos y redes, y otros restos que el agua no ha querido retener. Un poco más allá, unas pocas gaviotas picotean los ojos de un pez que aún boquea. Encuentro una concha bellísima que guardo para mi colección.
El mar siempre te agasaja con algún recuerdo bonito, es para que no lo olvides y vuelvas.

Un rayito de sol que pica me anima a lanzarme al agua y dejarme abrazar por mi querido amigo.
Me subo a una ola, me sumerjo y buceo con los ojos abiertos. Siento las agujas heladas del agua fría que me queman la cara, las piernas, los pulmones, cortando la respiración; pienso que sería fácil dejarse arrastrar por la corriente y hacia el fondo, quedarme allí para siempre...
Cuando ya no aguanto más, vuelvo, salgo a respirar. Las olas me han alejado de la orilla y tengo que hacer un esfuerzo enorme por bracear contracorriente y alcanzar un punto donde hago pie. Me golpean, trago un poco de agua, me zarandean un poco, juguetonas.
En la orilla, un viejo con gorra y bastón me abronca. Salgo del agua y me grita que estoy loca. Se marcha hablando solo y vuelve la vista atrás recriminándome mi imprudencia.

Los locos de ciudad no sabemos comportarnos, al mar hay que respetarlo y dejarle gruñir cuando está furioso.
Yo en el mar me desahogo.

En la arena me esperan una toalla y una sonrisa.
Durante unas horas, el mar nos hipnotiza y nos obliga a someternos a la terapia del olvido.
Ahogamos, minuto a minuto, en esa superficie antes plata y ahora verde, los agobios y preocupaciones que cargamos en nuestro viaje. El sol hace que se evaporen saliendo de nuestras cabezas como nubes que flotan sobre las aguas y, allá lejos, en la línea del horizonte, se hunden para no volver más.
El mar cambia lágrimas y suspiros por cantos de sirena y rumor de caracolas.

Cúmulos blancos se pasean por el cielo azul sobre nuestros cuerpos. Jugamos a descubrir seres extraños y caras grotescas en sus formas algodonosas, pero sopla fuerte el levante y las nubes se deshacen rápido, se van.
La tarde pasa rápida y no hay atardecer, el Mediterráneo no sabe de cielos rojos.
La luz se vuelve amarilla hacia el sur y el cielo es gris hacia el interior, preludio de agua de lluvia.
Sobre el mar, ahora en calma, brillan hilos de oro y plata sobre un espejo de agua verde oscura. El verde, siempre el verde, nos regala un último espectáculo con su contemplación.
La oscuridad nos invita a despedirnos, hasta la próxima, hasta otra, hasta siempre.
Volveré.

Ahora, con mi concha al lado, recuerdo haber dejado en la orilla un mal sueño, un quebradero de cabeza, una escusa y cinco minutos de dolor.
Me perdono el descuido. Bálsamo fugaz esta visita al mar.

miércoles, 7 de octubre de 2009

AQUELLOS MARAVILLOSOS PRIMEROS BICHOS


Hace unos días, cuando marché de vacaciones, metí en la maleta el viejo cuaderno de tapas blandas que tantas veces me ha acompañado ya.
Es la libreta en la que acostumbraba a verter pedazos del tiempo y algunos pensamientos antes de pasarme al teclado del ordenador.
Lo cogí por si acaso, por si necesitaba contarme algo o me sucedía alguna cosa digna de contar.
Inevitablemente, durante estos días de ocio lo he ojeado y me he sorprendido al releer lo que desde ahora llamaré el origen de mis "mariposas"...

Sin llegar a ser un diario, este blog no estaría completo si no transcribo algunos de aquellos primeros bichos. Son sólo extractos, fragmentos, pero así quedarán aquí con el resto de bichos, en este pequeño almacén.

"De nuevo estoy aquí. Frente a una página en blanco, con mi bolígrafo negro y mis manías, dispuesta a sacarme de dentro todo lo que no soy capaz de escupir ni de tragar. Hoy vuelvo a escribir."

"No es que tenga nada especial que contar, en el fondo nunca lo he tenido. Soy realista: mi vida es como una de esas tragicomedias de la tele, amarga a veces pero alegre y feliz otras, como tantas otras vidas anónimas de hombres y mujeres que a diario se cruzan en nuestro camino: anónima y vulgar. Pero dentro de esta vulgaridad... siento que algo aletea luchando contra la ira, la rabia, la sumisión, la tristeza, la incomprensión, la derrota... son las mariposas que me revuelven el estómago."

"En ocasiones, mis mariposas baten sus alas y me transmiten ilusión, me recuerdan que aún quedan sueños por hacer realidad, que todo es posible, y me inundan de sensaciones y momentos agradables. En otras ocasiones, como hoy, los bichos corretean por mi cerebro desordenándome el pensamiento, destrozándome los nervios, provocándome náuseas de ira y vertiendo en mi boca respuestas hirientes. Todas ellas, bellas o no, son mis mariposas verdes."

"Hoy he hablado con un amigo de mis mariposas verdes, como idea de algo sobre lo que estoy escribiendo, y como mi particular manera de catalizar una situación personal complicada, en un intento de transformarlo todo en algo que pueda ver, leer, comprender y controlar.
...
Ha sido curiosa su reacción...
...
le intento explicar que las mariposas son una especie de metáfora de la fragilidad, de la levedad, de belleza efímera...
...
y según él, el verde es verde que te quiero verde...
...
y si elijo el verde es como símbolo de esperanza, aunque también de la envidia y de la ira, que hoy viven todas conmigo."

"Hoy las mariposas han estado más tranquilas. A ratos volvían y me escocían los ojos, intentando llevarme lejos, empujándome hacia recuerdos que hacen llorar. Pero he sido más fuerte y he puesto en práctica uno de aqullos ejercicios mentales... he construido una fortaleza y me he encerrado dentro. Esta fortaleza es un escondite, un rincón, una cámara acorazada donde guardaré secretos, deseos, sueños... en ocasiones acudo a la fortaleza y me encierro a esperar que el viento cambie de dirección. A veces dejo que una mariposa entre y se pose sobre alguno de mis rincones favoritos. Luego, levanta el vuelo y se marcha llevándose una parte de mí. La dejo ir en libertad con el deseo de que sepa encontrar la dirección exacta donde depositar esa minúscula parte de mi persona, con la esperanza de hacer realidad algo de lo que callo y oculto..."

"He esperado escuchando el sonido de la tromenta ahí fuera, rompiendo el silencio oscuro con un estruendo de truenos, mientras yo me oculto a solas para buscar dentro de mí esa paz que es el verdadero tesoro...
...
ahora estoy en ella, en este encierro voluntario cómodo, mullido, silencioso, que apacigua poco a poco la rabia verde que pugna por salir en cuanto abandono mi escondite.
Ahora que la tormenta está amainando espero el regreso de la luz, cuento los días, minutos, años... hasta mis pasos cuento... antes de salir y enfrentarme al mundo real."

martes, 6 de octubre de 2009

HABLAR POR HABLAR

El silencio de las últimas semanas se ha roto.
Celeste ha aparecido con un nuevo peinado y estrenando zapatos.
Parece que el otoño, con sus ventoleras repentinas y cambios de tiempo, acumula la hojarasca en mi puerta y me pone de mal humor.
El verano ha pasado escurriéndose, agua que se escapa entre los dedos y ya no quedan ni restos de humedad. El calor se resiste a rendirse haciendo los días pesados y largos.
Celeste se aferra a sus vacaciones como escusa para hablarme. Yo cierro los oídos y me tapo la boca intentando evitar que me contamine con su palabrería, sus secretos, sus consejos desaconsejables, su cariño meloso e infantil que es a la vez veneno y amor.
Quiero seguir en mi encierro voluntario de silencio confortable; son ya demasiadas palabras para poder ordenarlas con sentido; verborrea aburrida que no comprendo; incomunicación e incomprensión.
Algo pasa y Celeste lo intuye, por eso viene, por eso me pregunta, por eso me ha estado leyendo a escondidas.
Yo querría que ella se marchase para siempre pero estamos demasiado unidas para pensar en una escisión. Quisiera que dejara de atormentarme con sus paranoias y sus mentiras, con su locura, su melancolía y su falsa alegría.
En el fondo Celeste es buena. No, es la mejor.
Pero añoro su silencio, cuando todo era más fácil.
Cuando hay silencio es más fácil escapar, disimular, huir.
Celeste, querida, cállate. No hables tanto, y actúa.
Seguro que tarde o temprano lo lamentaré.

lunes, 5 de octubre de 2009

BUSCA EL TRÉBOL DE CUATRO HOJAS

Buscad, buscad.
Yo no soy supersticiosa. No creo en el azar, ni en el destino, ni en el karma que te devuelve diez veces lo que das. A veces, ya no creo ni en las personas. Pero sólo a veces.
¿Qué es la suerte?
¿Nacer entre algodones? ¿que te esquive la enfermedad? ¿crecer rodeado de amor y alegría? ¿vivir feliz al margen de las miserias que azotan al mundo y a los corazones humanos?
Conozco al menos dos docenas de personas cuyas vidas son más o menos así, y no se consideran personas con suerte. Y también conozco todo lo contrario.
O la suerte no existe o no es lo que pensamos.
La suerte, azar, fortuna o buena estrella no es siquiera fiel, nadie puede vivir eternamente en su nube de feliz ignorancia hacia los dolores ajenos. No es humano.
Yo creo más en los estados de ánimo positivos, en encontrar aquello que nos hace felices, cosas y momentos que nos proporcionan sensaciones gratas: la compañía de un amigo, un libro que volver a leer, una casa a la que regresar, un lugar inolvidable, un sueño para vivir despiertos, un amante silencioso, una canción que nos evoca recuerdos...
Somos afortunados por estar ahí, por tener con quien compartirlo, y porque sabemos lo que significa no tener, no estar, no poder.
Te cuento un secreto: mi fortuna es pequeña pero tú la conviertes en un gran tesoro. Cuando escucho tu voz, cuando me guiñas un ojo, cuando apoyas tu cabeza en mi hombro, cuando me soplas el pelo, cuando me miras a los ojos y los tuyos sonríen, cuando buscas una excusa para estar conmigo, cuando me contradices y descubro un aspecto nuevo de tí, cuando me regalas un dulce a escondidas, cuando te inventas palabras, cuando sólo tú y yo sabemos de lo que nos reímos, cuando me sorprendes, cuando sueño contigo... siento que todo tiene sentido. Siento que encontré mi trébol de cuatro hojas.

jueves, 1 de octubre de 2009

No dejes que la tristeza se adueñe de tu cara. Podría anidar de tal manera que nunca te reconozcas.

Hoy, varias mariposas ya no están.
Un viento otoñal, frío y seco, las ha alejado en direcciones opuestas, hacia destinos desconocidos, líneas divergentes que se pierden en la lejanía.
Sólo queda esperar que ese mismo vendaval que hoy separa nuestros caminos, vuelva algún día a reunirnos, transformado en un soplo de brisa suave y cálida, lo malo será entonces tan sólo una anécdota.

Bienaventurados los que lloran... porque sólo ellos saben lo valioso que es lo que han perdido.
Dichosos los que no esperan demasiado... porque nunca se sentirán defraudados.

Zenkiu Mentxu.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

QUÉ BELLO ES VIVIR

Estoy buscando algo que me desapareció hace unos días.
No recuerdo bien que es, sólo sé que antes lo tenía y ahora, misteriosamente, no lo veo.
Intento encontrar palabras adecuadas para explicar cómo es, qué es, para qué sirve, y sólo me salen antónimos, palabros desagradables y exabruptos.
He buscado en letras antiguas, canciones, dibujos y fotos. He llamado y susurrado. No rezo porque no sé y además no me da la gana.
Puede que ya nunca lo encuentre o que esté aquí al lado y no lo logre reconocer.
Hago una lista de lo que tengo e intento recordar si se me olvida algo.
Busco y sólo localizo niebla gris. Una risa conocida ha llenado por un instante la bruma que me rodea de un polvillo dorado y me vienen a la memoria días felices. ¿Por qué fueron felices y hoy siento que no lo son? ¿O sí? ¿qué es lo que falta? me confunde la duda.
Sé que hubo un tiempo tranquilo, cuando dormir era fácil. Dormir de verdad y reír, y mirar a los ojos de frente y acabar rendida a las tantas, y madrugar para seguir. Podía dar la cara, tirar para adelante sin arrastrar los pies, correr contra el viento sin cansarme, sin agotar la respiración.
Intuyo que estoy a punto de llegar a la clave de la cuestión.
Creo que perdí un poco las ganas, un mucho de fé, una pizca de alegría, se me agotaron las fuerzas, me cambió el gusto, extravié algo de esperanza... y me quitaron la motivación.
Barreré para adentro a ver si encuentro aunque sea un trozo y lo guardaré bajo llave, no vaya a ser que mañana salga el sol de nuevo y yo me lo pierda.

miércoles, 12 de agosto de 2009

UNA NOCHE DE AGOSTO...

... DEBO ENCONTRAR MI ALMA PERDIDA QUE ARROJÉ AL MAR.

"Y en tu ausencia las paredes se pintarán de tristeza y enjaularé mi corazón entre tus huesos".

AQUÍ QUE TAMPOCO ES LA VIDA REAL, AQUÍ ME QUEDO, AQUÍ QUE NO ES UN INFIERNO.
Me gustaría continuar una saga milenaria pero formo parte de una generación espontánea que se defiende mejor en el cara a cara, en el frente a frente, y es tarde ya para cambiar...
Las palabras no sirven para nada y empiezo a pensar que en realidad hay muy poca gente.
Zenkiu B.

jueves, 30 de julio de 2009

NO SON MÁS QUE PALABRAS


¿Para qué escribir?
Desde aquella época feliz del colegio, el comienzo del curso, la cartilla de caligrafía y la goma Milán, los libros forrados con el nombre y el curso escrito en DIMO. El estuche nuevo, un boli de cuatro colores, una regla, un compás y algo que, más tarde descubrí, se llamaba transportador (de ángulos), mi ignorancia ya apuntaba a letras.
Recuerdo la ansiedad por estrenar mi gran bloc de hojas blancas y la obsesión por escribir, sóla y sin ayuda, en el interior de la tapa, con letra pequeñita y bien derecha: nombre, curso y fecha.
MPGG. 1º EGB. 1975.
Por entonces veníamos de parvulitos, dos años de juegos, cantos y rezos, letras y números, dibujos de plastidecor. Babis con bolsillos con pañuelos de tela, bien dobladitos y empapados de Nenuco. Monjas enormes, de bondad infinita. Hábitos sucios y manos heladas.
Colegio nuevo ¡ya soy mayor!
Muchas niñas, algunas caras conocidas. Sentadas por orden alfabético, una por pupitre.
- En pie, todas a rezar.
La niña González, la seria de la tercera fila, la de las coletas, ya sabe leer, algo escribe, dibuja, raro para su edad.
-¿Quién sabe qué es una nuez?
Manos tímidas en alto, dos, tres, cinco, ocho. Fulanita se salta el protocolo y responde sin esperar: es un fruto seco.
Monja paciente, Madre Benita era su nombre.
Sonríe y nos tienta: -¿qué árbol nos da ese fruto seco?
Ojos tímidos que interrogan, que esperan, que ignoran. La de las coletas es demasiado tímida para alzar la mano, pero lo sabe, intuye que le van a preguntar, siente que se sonroja, sonríe y piensa: - qué niñas más tontas.
- ¿Y tú? ¿Tampoco tú sabes qué árbol es el que da nueces?
Unos ojos azules, asustados,pero desafiantes y orgullosos, rechazan la caricia de la voz que interroga.
Puños cerrados, la cara que arde: -Pues claro, es el nogal.
Una estampita del santo premió la respuesta, andará guardada en una caja de zapatos junto a cristmas, cartas y postales.
- ¡Vaya! muy bien, ¿y tú qué quieres ser de mayor?
Los niños de ahora quieren ser astronáutas, hackers informáticos, directores de cine o diseñadores de videojuegos. Las niñas no quieren ser nada porque ahora pueden ser cualquier cosa. Entonces, las niñas querías ser maestras, enfermeras, secretarias y, sobre todo, esposas y madres. El mundo era pequeño, en blanco y negro, y España franquista y cristiana.
- Yo sólo quiero escribir.
- ¿Y por qué?
Mirada esquiva, las manos nerviosas, encogimiento de hombros. Los ojos vuelven al bloc blanco impoluto, al boli de colores, al estante lleno de libros, a la pizarra limpia y al borrador.
- Porque tengo dentro de la cabeza un montón de palabras y en algún sitio las tendré que poner.
La niña González se quedó tan pancha y se guardó una estampita.
- Este cromo para la abuela, a ver si me hace rosquillas.
Aún busco una respuesta mejor, pero nunca la he encontrado.

miércoles, 29 de julio de 2009

UN MAR DE FUEGUITOS

El mundo
(Galeano)

(…)
El mundo es eso, un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales.
Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Gracias a Clara, por recordarme hoy que hay chispas que no se apagan.

jueves, 16 de julio de 2009

SIN COMENTARIOS


Se ha muerto Michael. Convierten su funeral en fiesta nacional con multitudinario show de despedida. La invitación se ha pagado a precio de oro en internet.
La sociedad americana sigue sin encontrar su neurona perdida pero en Europa les imitamos como si fueran el paradigma del bienestar. Me jode que Obama no sea más negro y menos formal. Me jode que Europa se hunda bajo la hipocresía capitalista, la derecha conservadora y la doble moral de los sinvergüenzas.
Leo un reportaje sobre las alzas en los zapatos de Sarcozy (odio su nombre, me recuerda al SARcoma de caPOzy), mencionan de pasada su afición por el culo de la Merkel, sale en la foto con Berlusconi detrás, tan morenito como siempre, dicen que su mujer pidió el divorcio porque la birlaba los autobronceadores.
¿Qué es lo que ven algunas mujeres en algunos hombres? Lo que más me extraña es que no es rubia natural. Será que las italianas rubias son todas morenas y pasan más desapercibidas.
A lo mejor Obama es rubio, pero al ser de raza negra parece que ha desteñido, perdón, café con leche.
Estoy de mala leche, en plan Dexter, en modo asesino sin sentimientos.
En la tele dan las noticias, lo mismo si es una tragedia en patera como si es una medalla de oro al deporte, con la misma cara divina y feliz de Prozac y Xanax, dos al día, volantes, perlas y corbata de tafetán. Los periódicos andan a la gresca, da igual Gürtel que Rayan, nunca se pondrán de acuerdo y la culpa será de Zapatero, o del que toque. Pongo la radio... pufff, qué va. Los 40 ceden trono a la mediocridad y la horterez a múltiples radioformulas, todas gemelas, da igual el nombre porque suenan igual.
Se murió Antonio Vega y le quieren poner una plaza (que no es tal) entre Fuencarral y Velarde.
Me imagino un gran fiestorro, lleno de sexo, drogas y alcohol, en el que Janis Joplin borracha le canta blues a Jim Morrison que duerme la mona, mientras Camarón da palmas beodo y Tino Casal le pinta las uñas a Carlos Berlanga, flipando hasta el culo de pastis. Una nube de humo de marihuana oculta a Antonio Vega que mira de reojo por debajo del flequillo a Bob Marley, que hace porros con forma de perritos para todos, y Freddy Mercury le tira los tejos a Michael, que le pega con su guante de brillantes y le sacude el bigotito con picardía.
Así me imagino yo el cielo, mucha música y mucho glamour.
Me despierta de la siesta el estridente reaggeton de mis vecinos... del sobresalto se me cae el vaso de cocacola encima de la última entrega de Millenium, pierdo el hilo de por qué página voy, se me pegan varias hojas empapadas en coke. Olvidé quitar la tele, parece que en Honduras siguen a hostias.
Sin comentarios.

miércoles, 15 de julio de 2009

MADRID ME MATA

Pues sí, me mata.
Posiblemente sea, de las que conozco, la única ciudad donde quiero vivir, aunque acabe conmigo.
Estos días de verano, Madrid es una olla a presión, donde todos nos cocemos poco a poco en un caldo de confusión, lipotimia e insolación.
Madrid nunca se para y a las tres de la tarde la Gran Vía, esa cicatriz antigua y congestionada que parte en dos el centro, parece la M40 en hora punta. Ríos de gente se desplazan arriba y abajo, luciendo palmito sudoroso bajo un sol abrasador, porque aquí no hay sombra (señor Gallardón: el verde luce bien bonito, dígaselo usted a mis mariposas, menos zanjas y más árboles).
Los incautos deshidratados se refugian en los comercios en busca de un soplo del aire reparador y, a ser posible, frío. Fuera, en la calle, los aparatos de refrigeración escupen al viandante un aire caliente y denso, cargado de un tufillo metálico, que contribuyen al calentamiento global del personal.
Da igual que sea verano o invierno: Madrid es un invernadero, no tiene punto medio, si estás dentro te quemas y si no también. Porque estar lejos de aquí se siente bajo la piel, y pica, duele y te salen ronchas que sólo se curan cuando vuelves.
Madrid no tiene playa (ni Camp Nou), ni falta que hace. Tenemos Madrid que ya es mucho.
De Madrid al cielo.
Tenemos Retiro, Latina, Plaza España, Rosales, Chamberí, Recoletos, Sabattinni, Lavapiés y Vallecas. Tenemos mucho más.
Aquí hay para todos y aún sobra. Aunque a veces sobremos todos. Tenemos fiestas y toros, y la sierra...
Quien no conoce Madrid no sabe lo que se pierde. Yo que soy de Madrid, estoy deseando escapar, porque regresar a Madrid siempre es una recompensa.

lunes, 6 de julio de 2009

SILENCIO

Qué grande se me hace la casa. Cuatro muros de hormigón.
Sólo tres paredes blancas nos separan pero te siento a mil kilómetros de distancia de mí.
Un silencio frío y espeso me hace sudar, lo llena todo en el espacio enorme donde no se ve el final. Se me atragantan palabras que quiero decirte y no acierto a susurrar.
Te grito con los ojos, pero no me ves.
Lloro a tus espaldas y no me escuchas.
Qué difícil es decir lo siento. Lo siento, pero no puedo decir que lo siento. No lo siento.
Orgullo, incomunicación, rabia contenida, dolor.
Mil vueltas a lo mismo y sigo esperando que pase algo: que explote una bomba, que reviente el sol.
Morirme de asco. A vueltas de todo.
Pequeña, en esta casa vacía, sólo escucho mi pulso, y el abismo ante mis pies intenta tragarme. Me tiro de cabeza para no pensar más, antes de que el mundo estalle.
Pero sigo esperando y todo continúa igual, donde lo dejaste, como lo tiraste.
Una vez más, rota, vacía y la cama sin hacer.

viernes, 3 de julio de 2009

MARIPOSAS MULTICOLORES

Vamos a pintar de colores las calles grises de este Madrid, querido pero rancio y anticuado, que tanto nos gusta y que luce tan divino con sus banderitas multicolor y sus boas de plumas.
Un día, a lo mejor el año que viene, el orgullo no será un motivo de celebración y no haya que salir a la calle para reclamar derechos y reivindicar respeto, sino una excusa para celebrar que somos libres, únicos y preciosos.
Quiero imaginar que es posible.

miércoles, 17 de junio de 2009

A MIS BICHOS

Tenemos juntos mil y un viajes por hacer. Viajes para cumplir nuestros sueños de historia, caminos sin fin, rutas de la seda y mercados de especias.
Tenemos una y mil cartas que escribir, para contarnos lo que callamos, lo que pensamos, lo que ocultamos.
¿Te has parado a pensar dónde quedan el cariño que escondemos, los besos nunca dados, los reproches silenciados, las ganas de reír sin reservas?
¿Dónde te conducirán tus pasos el día que por fin emprendas la aventura tan largamente soñada? ¿Quién te acompañará entonces?
Hoy he inaugurado un capítulo más en mi libro de la memoria enfrentándome a una caja cerrada en la que hace tiempo abandoné un secreto.
Hoy la he abierto de par en par y se ha liberado el temor, se han marchado también algunas mariposas oscuras y hoy, por fin, me siento mejor.
Perdimos el tiempo esquivándonos pero contigo he aprendido a ser más fuerte y hoy ya no tengo miedo a decirte lo que pienso, ni a querer lo que siento.
Se acabaron las jaulas y las mentiras. Si un día te mentí fue por tu bien. ¿Recuerdas ahora mi silencio empecinado? El nuevo viaje a emprender contigo será una senda donde las preguntas tengan respuesta, objetivas y sinceras.
Ahora quedan por llegar los interrogantes, tus dudas y mis explicaciones, pero estoy preparada para hablar contigo, hoy ya no me duele y quiero seguir caminando.
Tengo un único deseo y quiero compartirlo. Leerás sólo una de mis cartas para encontrar el camino hasta mí. Ese es tu viaje, al final del recorrido yo estaré esperando. Esperándote.

martes, 16 de junio de 2009

EL LARGO VIAJE (FINAL) LO DIFÍCIL ES VIVIR

Los días pasaron como un suspiro.
Conseguí alojamiento en una pequeña casita a unos veinte metros de la playa, con patio emparrado y amplias habitaciones de grandes ventanales, altos techos, decoración antigua y vigas vistas, que me resultó acogedora desde el momento en que entré. En la cocina, suelo de baldosas hidráulicas, fogón de carbón, fregadero de mármol, pucheros antiguos y calderos de bronce, y una colección de platos cerámicos.
Una vez solté la mochila me senté en el patio, encendí un pitillo y tomé posesión de mi nuevo espacio. Aún no sabía el nombre de la localidad en la que me encontraba, aún no sabía qué iba a hacer, aún no quise pensar.
Me sumí en una pereza inducida recurriendo a las pastillas habituales y dormí durante horas un sueño intranquilo del que desperté mojada de lágrimas, hambrienta y decidida a hacer todo lo posible por cambiar.
Vacié el bolso sobre la cama y tiré las pastillas al baño. Adiós para siempre.
Me duché y, con ropa limpia, salí a la calle a comprar comida, tabaco, vino blanco y un bañador. La única tienda de la localidad me facilitó, más o menos, lo que necesitaba, incluso me hice con un capazo de esparto y unas cómodas zapatillas hechas del mismo material.
Aproveché mi incursión para pasear por un puerto marinero que se me antojó diminuto y recorrer un paseo arbolado que conducía directamente a la playa. Siguiendo la línea del horizonte, distinguí, con sopresa, unas ruinas arqueológicas en las dunas. Mentalmente programé su visita para otra ocasión.
El anochecer me sorprendió sentada en la arena disfrutando de la contemplación de los últimos rayos del sol sobre el agua, de la brisa salada y del tacto de la arena en mis pies, enfriándose por momentos. Momentos que se me hicieron eternos y que disfrutaría cada día, volviendo a oscuras cada noche bajo las estrellas y el rumor de las olas a mis espaldas.
...
Así pasaron los días, muchos, suavemente, sin prisa. Bajo el sol. Al borde del agua. Sumergida en el océano. Tardes interminables de siesta. Largos paseos en soledad descubriendo bonitos rincones entre las ruinas romanas, viejas tabernas de pescadores donde cenar un buen atún de encebollado, sesiones de sol entre las dunas, cubierto el cuerpo de barro y los ojos de azul, bálsamo para las heridas.
En la noche solía aparecer BOLO, que bajaba a la playa a hacerme compañía y me miraba en silencio mientras yo leía, lloraba, escuchaba el mar, miraba la luna, añoraba otra vida e intentaba olvidar.
Recuerdo esos días como algo lejano, vagos, se difuminan en mi memoria mezclándose con otros detalles extraordinariamente nítidos: una fiesta en la calle, un lametón de BOLO, una tormenta veraniega, una risa desconocida.
...
Una madrugada desperté sobresaltada, con el corazón palpitando sin control y un mal sueño diluyéndose en el recuerdo. Entonces todo cambió. De forma impulsiva busqué unos cuadernos abandonados en el fondo de una bolsa y un lápiz y comencé a volcar en ellos mi vacío.
Siguieron días de escritura frenética. Llené varias libretas de rabia contenida, arranqué páginas emborronadas de lágrimas y comencé otras nuevas con nuevos ánimos, una y mil veces repitiendo una historia, la tuya y la mía, de mi huida por tu felicidad a costa de la mía, intentando vaciarme para olvidar, intentando volcar todo el dolor acumulado en unos papeles y un poco de tinta, intentando deshacerme de ese lastre que, de seguir conmigo, me arrastraría a la locura.
Fue un proceso catártico, casi una metamorfosis, una cura de sol y mar, días de trabajo incesante sólo interrumpidos por breves momentos de lucidez en los que me advertía a misma que debía volver, debería al menos dar señales de vida, llamar para decir que estaba bien. Pero algo me retenía, me impedía regresar, no quería hablar, sólo olvidar...

Fueron tres meses de escapada. Ahora parece poco.
Simplemente se acabó el dinero y el tiempo. La obligación de volver pudo con el deseo de mantenerme lejos.
Sólo me despedí de BOLO, el perro blanco sin dueño, nadie me importaba lo suficiente para tenerle que decir adiós.
Cargué el coche y conduje varias horas.
Recuerdo que el sol me daba en los ojos, no recuerdo que aquel camión se cruzara en la carretera.
Recuerdo el chirriar del metal, los gritos de la gente, las sirenas de las ambulancias.
No recuerdo los días de hospital, semanas, ni el dolor que mi cuerpo debió sentir.
Recuerdo que desperté sin poder moverme y unos ojos familiares angustiados lloraban y reían a la vez al verme volver, por fin.
Mi cabeza no entendía qué había pasado, la película que me contaron nunca la ví.
Una cicatriz en mi muñeca derecha me recuerda que a punto estuve de perder la vida.
Nunca he vuelto a conducir y me invento mil escusas para justificarme.
Jamás volví a pronunciar tu nombre, se quedó atrapado entre los hierros bajo aquel camión sin frenos, junto a mi historia de abandono y traición.
Volví a Bolonia, al cabo de los años, y paseé por sus ruinas, llenando los ojos de mar.
Un perro blanco jugaba en la orilla. Decidí no volver a escribir.
Pero la memoria es débil y el tiempo todo lo cura... bueno, todo no.
Es difícil vivir, morir es fácil.

lunes, 15 de junio de 2009

OLVIDAR SIN QUERERLO

“Cuídate sólo de guardar
algún recuerdo hermoso de este olvido...
[en el que me abandonas
sin un adiós, siquiera un "te he querido"]”.

He roto tus palabras. Quebré las líneas escritas para no ver nunca tu letra, el papel que rozó tu mano, tus tildes y tus comas, la tinta de tu pluma.
He quemado tus cartas, vaciado el buzón, desnudado la agenda de datos que siguieran tu pista.
He anulado tus números, tus direcciones y tus fotos. Ya no quiero, ya no te quiero. Esa será mi venganza, hacer como que no existes, aunque me mate de noche y no me deje vivir de día.
Esa será mi venganza y mi agonía.
Ni te quiero, ni te quise, ni te dejo de querer. Ahora ¿qué importa? Ya es tarde.

Adiós no es nada.
Hasta nunca.

sábado, 30 de mayo de 2009

UN LARGO VIAJE: primeros contactos

"Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte. "
Miguel de Unamuno

Lo primero que me vino a la mente cuando asomé los ojos al mar fue un saludo, un -hola, ya estoy aquí, ¿me has echado de menos tanto como yo a tí?-
Como siempre, el verde profundo del agua, azul en el horizonte, fue un bálsamo inmediato para la vista.
Aún no tenía ni idea de dónde me había llevado el vericueto de carreteras que acababa de dejar atrás. Tampoco era importante, había llegado a donde quería estar.
Me senté en una piedra para quitarme las sandalias y con ellas en la mano bajé, sorteando las dunas, siguiendo un camino de arena dorada que conducía hasta la misma orilla donde las olas abandonaban su espuma y salpicaban mi ropa.
Sumergí los pies y lavé mi cara con el agua fría y salada.
Un escalofrío de placer me recorrió la espalda, toda mi piel agradeció el beso húmedo del océano y estuve a punto de arrancarme la ropa y echarme a nadar, pero no había prisa, el primer contacto estaba establecido y aún quedaba mucho por hacer: buscar un sitio donde pasar la noche, comer e informarme acerca de mi situación.
Volví sobre mis pasos y, entre los pinos situados al final del camino, ví unas casitas blancas, encaladas y con macetas de colores, con cortinas de colorines en ventanas y puertas.
Un perro grande y blanco surgió entre unos arbustos y me saludo con un bufido, se acercó a olisquearme y yo le revolví el pelo entre las orejas a modo de saludo. En su cuello lucía un collar rojo con una plaquita con lo que supuse que sería su nombre: BOLO. Le saludé con esas palabras estúpidas que los humanos empleamos para dirigirnos a los animales y a los niños, y el perro, agradecido, me lamió las manos y tras mover repetidamente su peludo rabo soltó un ladrido de despedida y salió corriendo hacia la playa sin mirar atrás.
Acaba de hacer mi primer amigo.

"Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos."

Extraído de El Principito , capítulo III. Gran novela de Antoine de Saint-Exupéry escrita en 1943.



miércoles, 27 de mayo de 2009

UN LARGO VIAJE

Desperté muy temprano. Ni siquiera había amanecido aún.
No quise mirar la hora: -qué mas da, cuánto antes salga antes llegaré.-
Tras la ducha un café rápido; camiseta, vaqueros, sandalias; bajar persianas, tirar la basura, revisar el riego automático y bajar los bultos al coche.
Ya la noche anterior había dejado todo listo: maleta mediana, bolso y cámara esperaban junto a la puerta.
Cuando me coloqué frente al volante aún era noche cerrada. No miré atrás, salí del garaje y encendí la radio.
El tráfico de Madrid ya era denso; los conductores en sus vehículos, dirigiéndose a sus trabajos me parecieron ovejas enlatadas. Qué triste. Me hizo ilusión pensar que, para mí, todo eso quedaba atrás.
Por delante sólo la carretera y un cielo que empezaba a despertar.
Sonriendo puse rumbo al sur.
Sobre el asiento, a mi lado, la guía de carreteras cerrada. Había decidido improvisar.
Inserté un cd especialmente grabado para la ocasión y tarareando al compás de mi música favorita fueron pasando las horas. El sol pronto se puso a seguirme, venía conmigo.
Dejé atrás un paisaje monótono donde los polígonos industriales daban paso a secarrales y poblaciones medio desiertas.
Algunos generadores eólicos enmedio de ningún sitio marcaron el tránsito a un paisaje más agradable mientras la vegetación ganaba densidad.
Paré para tomar un café ¡qué coño! y unas tostadas y un zumo de naranja recién exprimido y bien fresquito que me supo a gloria.
Me senté a la sombra de un gran árbol, no sé decir cuál pues no se me dan bien esas cosas de la naturaleza y además me da igual, pero sé disfrutarlo.
La terraza ajardinada se abría a un río de escaso caudal que llenaba de verde el horizonte y refrescaba la vista (mis mariposas se agitaron de gusto). Casi sentí pena al tener que retomar el camino pero tenía una cita, el mar me esperaba cerca ya. Lo sentía.
Un rato después, cerca del mediodía intuí, divisé una línea azul a lo lejos, paralela a la carretera. Bajé el cristal de la ventanilla y aspiré con fuerza y dí la bienvenida a la sal que impregnaba el aire que llenó mis pulmones.
Salí de la autovía para tomar una carretera secundaria, luego otra y más tarde otra. Me estaba empezando a relajar.
Conduje más despacio y comencé a disfrutar del paisaje deleitándome con el aroma de los pinos y el viento que se colaba para hacerme compañía.

"La vida misma es el viaje que menos apreciamos"

Esta es la primera parte de tres. Para conocer el resto de la historia sigue los siguientes enlaces:

UN LARGO VIAJE (II): PRIMEROS CONTACTOS http://celeste-mariposasverdes.blogspot.com.es/2009/05/un-largo-viaje-primeros-contactos.html
UN LARGO VIAJE (III): LO DIFÍCIL ES VIVIR http://celeste-mariposasverdes.blogspot.com.es/2009/06/el-largo-viaje-final-lo-dificil-es.html

domingo, 24 de mayo de 2009

DE SAPOS

Desde hace ya días algo anda revuelto.
Intuyo que se debe a esta espantosa costumbre mía de buscar explicaciones a todo lo que escapa a mi comprensión... y a que mareando la perdiz he abierto la caja de Pandora... he dejado salir bichos de uñas oscuras y afiladas que me arañan al abrirse paso desde el rincón perdido de la memoria donde les tenía bien encerrados y se plantan frente a mis ojos impidiéndome ver otra cosa que no sea su fea cara.
Hace algo más de un año que los encerré bajo llave y los oculté de la vista y hace unos días, aún no acierto a comprender porqué, me asomé al abismo de nuevo y me topé con que ahí estaban esperando, acechando, como si nada hubiera cambiado y como si algo más de 365 días se hubiesen esfumado de golpe.
No diré su nombre, nunca lo digo, lo quemé hace siglos esperando olvidar. Pero ha vuelto, en realidad nunca se fue. A veces fantasma, otras solo sapo asqueroso que a pesar del tiempo transcurrido no he conseguido tragar. Y duele y desgarra como si fuese ayer.
Y duele más hoy porque no debiera, porque no es justo, porque ya no quiero, yo no quiero.
Y duele porque aún no entiendo porqué. Y porque nunca me atreví a preguntar y callé.
Tengo un sapo encerrado en una caja. Sé que sigue ahí porque a veces salta. Lo oculto porque su sola visión me asquea y sé que aún dejándolo libre volvería una y otra vez, ni siquiera estoy segura de querer dejarlo marchar.
Qué asco de vida, tener que arrastrar bichos repugnantes que te joden una vez y otra, y otra, y otra más. Comienzo a perder la esperanza.
Me da miedo porque hace poco más de un año su sola visión me arrastró al borde del precipicio y desencadenó una cadena de huidas, retrocesos, dilemas y pesadillas que sólo la aparición de Celeste logró apaciguar.
Pero hoy Celeste está lejos y no quiere hablar, así que sólo estoy yo para luchar contra la enfermedad que me come por dentro, que me arrastra y deteriora, y hoy, desde hace unos días, sin fuerzas para luchar.

viernes, 22 de mayo de 2009

UN MAL DÍA, Y PODRÍA SER PEOR

Hay días en que los astros se conjuran para joderte viva.
Iba a decir "hacerte la puñeta" pero no me da la gana. Estoy de mala leche, muy mala. Lo que prometía ser un viernes cojonudo, por deseado y porque sí, para eso es viernes, se ha convertido en un decepcionante cúmulo de disgustos, malos rollos y aburrimiento: mariposas grises e impertinentes.
Tendría que haberme quedado con las txotxonis de cañas.
Podría haber ido de tiendas.
Pero no, el mal ha empezado mucho antes, nada más abrir los ojos.
Me molesta haberme levantado tarde y con prisas. La cafetera se ha estropeado y no me he tomado ni la mitad de la dosis de cafeína a la que acostumbro a castigar diariamente a mi hígado. Los pantalones de lino que quería ponerme tienen un roto. Me ha salido una rozadura en el pie derecho por culpa de las sandalias nuevas. El metro iba a reventar y alguien se ha olvidado de ducharse esta mañana y lo proclamaba a gritos (o al menos mi olfato ofendido y mi estómago revuelto así lo han traducido).
El trabajo... mejor no hablamos, creo que no voy a ser capaz de acabar con el dichoso proyecto en la vida... y los errores salen de debajo de las piedras. Corregimos una cosa y salen tres más por hacer. Y estoy cansada, mucho, y desanimada, y me siento sola y pequeña ante una pila enorme de responsabilidades y tareas que hacer, objetivos por cumplir.
He comido tarde y mal.
He querido dormir o descansar siquiera un poco, dejar de pensar, agotar el mal rollo y no he podido. En Madrid hoy el termómetro marcaba 32 grados. Qué agobio, con aire acondicionado y el pelo recogido y me siento como un globo aerostático a punto de reventar.
Y los planes al garete, porque claro, las cosas no dependen de una... y me toca hacer de enfermera, masajista, cocinera... y es lo que hay.
No tengo fuerzas ni ánimo para recoger la cocina, ni cenar; no hay pan.
Tengo los tobillos hinchados, del calor... bueno y los kilos, ya lo sé, pero con el calor es peor.
No dan nada bueno en la tele.
Tengo un buen libro empezado pero me da rabia leérmelo rápido que luego se acaba.
Me prepararía un vermút y una pipa, pero estoy cansadísima, de mal humor, machacada y dolorida. Y no tengo la regla, menos mal. Podría ser peor.
Creo que me queda algo de Fluoxetina... Voy a aplacar a mis bichos y que no salgan. Que la fiera duerma, podría ser peor.

viernes, 1 de mayo de 2009

DESAJUSTES SENTIMENTALES DE LA INCAUTA CELESTE

Me escribe Celeste para contarme que no duerme, que no come, que no piensa en otra cosa que en alguien que la tiene enamoriscada.

Cojo el teléfono y no paro hasta oir su voz al otro lado.

- eso me lo tienes que contar, ya!

Pero ésta es mi Celeste, parece que no la conociera. En la parra que está.

Anda tonta perdida, escribiendo un nombre en las esquinas de los papeles, canturreando con cara de boba, cambiándose el peinado y probándose una talla que no le va.

- Y quén es? ¿cómo, dónde, cuándo y porqué?

Y se ríe y me dice que no puede decirlo, que no está sólo, que no se atreve a contarle nada y le da miedo lo que pueda pasar. E intuye por sus miradas que la cosa está igualada, que lo de la pareja va mal y en cualquier momento salta la chispa y ella, como siempre, la vuelve a liar...

- ¿Qué tienes, Celeste? te has dado un golpe en la cabeza??? en esa cabecita loca y atolondrada que no para de meterte en problemas?????

Y se pone muy seria y sólo dice que se siente fatal, que el amor es una mierda, que no puede hacer nada y no para de imaginar algo que ella sabe no será.

- ¡Quién te ha visto y quién te ve! la rompecorazones, la que liga y olvida, la de vive y deja vivir, la de aquí te pillo...

Pero aquello ya pasó y esto me demuestra que hoy Celeste es otra.

Ay! amiga, tú que sólo buscabas cariño y diversión, tu exceso de confianza y libertad sólo te trajeron problemas, disgustos y fracasos. Quién lo iba a decir! Celeste lamentándose de desamor! apuntando demasiado alto, o al tipo equivocado! La historia se repite pero nunca igual...

Celeste está de puente, qué envidia me da, y qué pena.

¿Por qué nos ponemos las cosas tan difíciles?

Hay personas, como Celeste, que nunca aciertan. Suspira por alguien pero no se atreve a hablarle. Se lamenta pero no intenta nada. Disfruta en su compañía pero no llega a dar el paso definitivo.

Sólo piensa en un beso, en el fondo es una cursi redomada en busca de un príncipe azul.

Yo le presto mi voz y espacio para que vuele y deje libres sus mariposas, quizás su príncipe la esté escuchando... y este cuento tenga un final feliz.

DE CUANDO VIVIR ERA SENCILLO

Me vienen a la memoria días lejanos. Ni mejores ni peores, que de todo hubo y hay. Días que el recuerdo transforma para sólo traer detalles, felices o no, porque el tiempo difumina los bordes de lo pasado y desdibuja la realidad que fue.
Y parecía más fácil vivir.
Vivir sin pensar que el mañana (hoy) llegaría.
Como si los veinte durasen setenta.
Maltratando el cuerpo con noches sin dormir, juergas eternas, humo y alcohol, caminatas de infarto, bailes sin fin.
Viajando y descubriendo cada rincón del mundo con los ojos de un niño ávido de sorpresas, compartiendo un bocadillo en una estación de autobuses, durmiendo en la playa, de fiesta en fiesta, de pueblo en pueblo.
Escribiendo cuentos, poemas, historias de miedo, pensamientos, frases, canciones, copiando citas, recortando fotos de las revistas, creando almacenes de imágenes, letras y músicas especiales, propias.
Estudiando los domingos por la noche, lo justo para aprobar y seguir trabajando, en mil cosas, sin pensar en hipotecas, ni en crisis amenazantes, ni en seguridad, sólo en seguir tirando, lo suficiente para seguir viviendo, sin garantías.
Gastando todo en viajar, en cervezas, en cines y libros, en regalos, en clases privadas, en vinilos, conciertos, fiestas y taxis.
Amando, compartiendo, perdiendo, llorando, riendo, cantando, soñando... vivir era así de simple.
Cuando vivir era sencillo, Celeste no estaba. No hacía falta. Sólo había que vivir, así de simple.
Cada día, cada hora, cada momento.
Se dice que hay actividades que una vez que aprendes cómo se hace, nunca se olvida por mucho tiempo que pase. Nadar, montar en bicicleta, patinar... respirar, leer.
Una vez que aprendes todo parece sencillo excepto vivir.
Echar la vista atrás no es bueno. A veces, lo que ves parece sencillo, simple. Pero no es real. Hoy, todo es. Entonces no era nada. Todo era proyecto de.
Y las gafas de la memoria padecen de presbicia. El cansancio de los años vuelven borrosos los contornos del pasado.
¿Vivir era sencillo? nunca lo fue, ni lo será, pero ahí vamos todos, sobreviviendo.



martes, 28 de abril de 2009

EL SUEÑO DE CELESTE (III)

Dicen que la piel recuerda lo que la memoria olvida. Que algunas sensaciones provocadas por determinados olores, sabores, sonidos, colores... se entrelazan en nuestro cerebro pasando a formar parte del misterioso tejido de los recuerdos, de forma inconsciente y secreta.
Y llega un momento cualquiera en que de repente, de forma subliminal e inesperada, un estímulo pone en alerta esos recuerdos y devuelve al presente escenas de ayer.

Celeste nunca ha querido olvidar. Pero la memoria, mala confidente de secretos, juega malas pasadas. Celeste no recuerda bien ciertos detalles pero hay otros que no cesará de recordar en un intento vano de reencuentro con un pasado irrepetible.
La estela de un perfume masculino repleto de matices, el sabor del vodka en los labios de un beso, el peso de una mano sobre el brazo y la caricia incipiente que prometía, el susurro de una voz sueve a tu espalda, el brillo de una piel que se fundía sobre la propia, un dedo escribiendo con letras invisibles un nombre sobre la piel desnuda, un cabello rubio, fino y corto, una caricia profunda que duró horas eternas, el ritmo monótono de una canción cuya letra no entendía, un sueño breve y rápido en brazos desconocidos, unos ojos azules y tristes mirando tu cara al despertar, el roce de una barba incipiente en rincones ocultos, el momento de máximo placer repetido una y otra vez, y otra, y otra...

Y todo pasó. El día llegó filtrando por las persianas finos rayos de luz que reptaban sobre una alfombra roja hacia el borde de las sábanas, caídas a los pies de una cama inmensa, blanca, deshecha, donde los cuerpos agotados se resistían a separarse.
Cada beso parecía ser el último. Cada trozo de piel pedía seguir siendo acariciado. Cada mirada suplicaba más.
Y las horas pasaban.

Celeste me contó que aprovechó un momento, cuando de nuevo comenzaba a oscurecer y la respiración del desconocido se relajó envuelto en sueño, y se armó de valor para salir de sus brazos, encontrar su ropa, vestirse aprisa y salir sin mirar atrás. Sólo junto a la puerta, en un gesto de flaqueza, volvió la mirada y sus ojos se encontraron con los del desconocido que no disimulaba un gesto de sorpresa y dolor. Un beso al aire, una sonrisa de despedida muda y un hasta siempre silencioso la acompañaron.

Recuerda haber cerrado de golpe la puerta y bajar corriendo las escaleras sin esperar al ascensor. Paró un taxi y el cansancio comenzó a hacer estragos. Miedo, vergüenza, satisfacción, risa... labios dormidos, piernas doloridas, el pelo en absoluto desorden... mil sensaciones acudían a su mente aún sorprendida ante su reciente experiencia.
Celeste sólo quería dar la vuelta y volver.

Pero no lo hizo. Llegó a su casa y consiguió dormir. Y los días pasaron y la rutina se adueñó de las horas. Un sábado alguien le preguntó si había vuelto a ver a Él, y sólo entonces supo su nombre. Meses más tarde pudo averiguar más sobre el desconocido (un hermano de una amiga del hermano de una amiga) pero nunca supo porqué no volvió. Nunca, nunca más le ha visto.

A veces, en lugares con mucha aglomeración de gente, Celeste cree distinguir su cabeza, su perfil. A veces, en bares repletos de humo y sombras, celeste cierra los ojos y baila, e imagina que él está ahí y la está mirando. A veces, cuando Celeste ha rozado la línea tras la cual no hay retorno, su recuerdo ha sido un recurso al que aferrarse, una flor en esta mierda de vida.
A veces, Celeste sueña con Él y sus ojos azules sonriendo. A veces, al despertar, siente aún su voz susurrándole al oído -hoy, el regalo eres tú, princesa.

Dice Celeste que la piel recuerda... y me pide que lo deje bien claro aquí, por si Él lo leyera por causalidad. Por si un día vuelve.

viernes, 10 de abril de 2009

TXIMELETA


Día de lluvia en Madrid. Viernes Santo en cristiano. Pereza. Tarde de lectura hogareña con tos y frío en los pies: calcetines de lana gruesos y poleo con miel calentito.
Todo va bien ahí fuera. Salvo por la lluvia.
Ordenador que avisa: nota de Mario que me regala una poesía.
Sonrisa de primavera.
Su alma debe estar curándose ya. Será el mar.
Besos Mario. Gracias, cuídate.


TXIMELETA REGGAE (BERNARDO ATXAGA)

Tximeleta haiek hegal egiten
itsasoaren barren aldera
milaka tximeleta beilegi
uhinen gainteik
Kostaldetik berezi ziren
laino ttiki bat bezalaxe
baporeak atzera utziz
galdu egin ziren
Tximeleta haiek hegal egiten
itsasoaren ixiltasunerantz
ez joan, ez joan, itsaso horretan
pausalekurik ez da.
Ez dago irlarik
ez dago harkaitzik
itsasoan ez dago
ur iluna besterik.

Y su traducción al castellano:

Aquellas mariposas volando
hacia el interior del mar
miles de mariposas amarillas
por encima las olas
De la costa se diferenciaron
como una nube pequeñita
dejando atrás los vapores
se perdieron
Aquellas mariposas volando
hacia el silencio del mar
no vayáis, no vayáis, en ese mar
no hay sitio-para-posarse
No hay ninguna-isla
no hay ninguna-roca
en el mar no hay
sino agua oscura

Y Mario me deja también el regalo de escuchar la poesía convertida en música.
Itoiz la cantaba así: http://www.youtube.com/watch?v=NwjC5wcd5Rw

lunes, 30 de marzo de 2009

El SUEÑO DE CELESTE (II)

Una copa llevó a otra. Un beso a otros mil. Cada caricia desembocó en un torrente de manos ansiosas que buscaban por encima de la ropa la piel escondida, el encaje del sujetador, una calentura creciente que iba a más con cada sorbo de vodka, con cada beso profundo y húmedo, con cada palabra susurrada al oído allí donde el perfume es más intenso.
Los ojos claros del desconocido sonreían y Celeste temblaba. La tomó de la mano y tiró de ella hasta salir de aquel antro.
Celeste arrastrando su bolso sin querer separar sus labios de aquel hombre inquietante, sin querer separar su cuerpo de aquellos brazos musculosos y su pecho ancho y fuerte, de aquel mentón decidido y esa boca ardiente.
Celeste no quiso preguntar donde iba, se dejó llevar.
Sólo unas calles más abajo, el desconocido la arrastró al interior de un oscuro aunque amplio portal, y empujándola contra la pared tapó su boca con la suya mientras sus manos descubrían bajo la camiseta de Celeste lo que habían tanteado en el local saturado de gente y de humo.
El desconocido la devoró el cuello bajando lentamente en un insufriblemente lento recorrido hacia sus pechos. Todo eran suspiros, saliva, tocar, descubrir, dedos ansiosos y gemidos.
Celeste quería participar pero esa noche ella era el regalo, el desconocido la apartó las manos cogiéndola de las muñecas sobre su cabeza y sólo le susurró:
- tranquila princesa, déjame quererte.
La abrazó y la besó el pelo, aspirando una mezcla de olor a champú y humo de tabaco. Sacó unas llaves de un bolsillo y abrió una puerta, invitándola a entrar.
Una vez dentro del ascensor, el desconocido se mantuvo apartado frente a Celeste, sosteniendo su mirada, sonriendo irónicamente y sin hablar. La puerta se abrió y salieron, rozando sus manos al pasar por la puerta.
Frente a la puerta del piso, Celeste desvió su mirada hacia la punta de sus botas, sintiéndose pequeña, nerviosa, dudando, un poco borracha, muy insegura. Su acompañante se inclinó y la besó suavemente, la quitó el bolso que aferraba entre las manos y la atrajo hacia sí:
- no sabes cuántas veces he imaginado este momento. Cuando te veía con ese imbécil tenía que contenerme para no partirle la cara. Espero que lo hayas dejado de una vez por todas, eres mucha tía para ese mierda...
Celeste, sorprendida, dió un paso atrás, intentando leer en los ojos del extraño qué coño estaba pasando.
- sabes mi nombre, sabes con quien salía y por dónde, y sabes que ya no... yo no sé nada de tí... no me has dicho ni tu nombre...
El desconocido se dió la vuelta, se dirigió hacia una barra que al parecer separaba una zona de estar de una pequeña cocina, sacó dos vasos, hielo y una botella de vodka, sirvió dos copas y tendiendo una a Celeste, replicó:
- es mejor así, no preguntes, si has llegado hasta aquí el resto da lo mismo, solos tú y yo. ¿qué importa quién soy? yo te elegí hace tiempo, cada noche te veía y te seguía, intentando acercarme a tí. Hoy estás aquí y tú, esta noche, me has elegido a mí. Quieres marcharte? puedo llamar a un taxi... pero si te quedas, prometo hacerte feliz, por una noche serás la mujer más feliz del mundo. Se trata de sexo, sólo sexo, pero si te quedas nunca lo olvidarás.
Avanzó hacia Celeste, quien desconcertada buscaba respuestas en el fondo del vaso. Una mano acarició su cara, apartando un mechón rebelde de cabello. Su cuerpo estaba muy cerca, notaba su aliento a escasos centímetros de su boca. Celeste cerró los ojos, debatiéndose entre poner fin a esa locura o seguir adelante con esa increíble aventura, llegar hasta el final sin pensar en que pensarían los demás si se llegaran a enterar. Celeste tomó una decisión y una excusa acudió a su boca. Nunca llegó a vocalizarla. El beso del desconocido la impidió hablar, la impidió decidir. Fue su cuerpo y su deseo quien tomó la decisión.
No hizo falta hablar más, ni beber más, sólo piel, lenguas, sudor, cuerpos desnudos, placer.
Por unas horas todo cuanto Celeste quiso lo tuvo gracias a aquel desconocido, y si, por una noche fue la mujer más feliz del mundo.

sábado, 28 de marzo de 2009

LA HORA DEL PLANETA


Yo también apagué la luz.

He encendido unas velas y me he sentado a mirar la lluvia a través de los cristales. El cielo estaba plomizo y sopla un viento fuerte y ruidoso. La tarde se prestaba a reflexionar.

Las farolas de la calle están encendidas. Podían haberlas apagado, un detalle por parte de los señores políticos y dirigentes municipales.

Miles de personas estarán ahora mismo a oscuras, como yo. Miles de personas en todos los rincones del mundo, pensando como yo que este gesto banal podría servir para algo.

60 minutos para el planeta. 60 minutos de descanso energético, de apagón, de desconexión.

No es tanto. Es bueno.

60 minutos reflexionando y pensando qué puedo hacer para ayudar a preservar este pequeño mundo que me rodea. Yo también quisiera colaborar. Bueno, han sido 60 minutos, pero hemos sido muchos. Nunca los suficientes, nunca lo bastante.

En fin, han pasado los 60 minutos, pero me gusta el ambiente iluminado por las velas. Me gusta el silencio. Sigue lloviendo sobre Madrid. Todo está oscuro ahí afuera. Alguien ha apagado la luna que hoy no está.

domingo, 8 de marzo de 2009

El SUEÑO DE CELESTE (I)

Me pidió Gema que contase una de las historias de Celeste, una de esas que ya adelanté hace semanas.
La propia Celeste me animó a desvelar uno de sus sueños más íntimos, no tanto como sueño, que lo es, sino como el relato de una de sus aventuras vividas hace ya tiempo cuando ella era Celeste en estado puro. Esta historia regresa una y otra vez en formato sueño y (yo sé) altera a Celeste profundamente, impidiéndola olvidar.
Me niego a contarla en primera persona, una tiene una reputación que cuidar. Y me niego también a utilizar palabras mal sonantes, no me salen, ni quieren. Lo dejo a la imaginación del lector: la realidad siempre supera la ficción... y ésta no es la excepción.
Retomando la historia: Celeste tiene un sueño que no consigue olvidar, el amante de una noche cuyos ojos busca en los de cualquier hombre...
Esto fue lo que ocurrió.
Es una noche cualquiera de sábado, no importa dónde, es lo de menos.
La sala está oscura y repleta de humo. Gente bailando apretada, bebiendo. Nadie habla porque nadie escucha. Imposible oir. Música electrónica y mucha ropa negra. Cerca, alguien fuma un porro de maría. Celeste sigue el ritmo con la cabeza, le duelen los pies y el vodka no ha hecho aún efecto. Es hora de pedir otra copa. La barra está repleta y hay que hacerse hueco, esperar, pedir y seguir esperando. Por fin: vodka con hielo y lima. Pajita para remover. Cigarrillo para acompañar. Una mano acerca una cerilla encendida al extremo del pitillo, menos mal, no encuentra el mechero.
Levanta la vista y tropieza con unos ojos azules profundos y tristes, de mirada interrogante e inquisitiva, pestañas espesas y rubias, frente despejada, pendiente en la oreja, mandíbula fuerte y labios finos. Un rostro hermoso que apaga de un soplo la cerilla que sostiene la mano masculina de dedos largos y elegantes. El desconocido acerca su boca a la oreja de Celeste para suplicar un cigarrillo, una calada, un beso. Celeste sonríe porque no ha escuchado nada.
El desconocido coge con cuidado el pitillo de Celeste y aspira una calada profunda, para devolverlo a sus labios: -Me debes un beso. Y le echa el humo a la cara.
Momento de desconcierto. De forma inconsciente Celeste registra la voz del desconocido como una voz profunda, serena, masculina, la voz de un hombre que no admite negativas. Ella no es de las que se arredran. Le mira mal, con ojos de china asesina y le escupe: - déjame en paz, imbécil.
-Soy un imbécil pero sólo si te dejo escapar.
Y cuando Celeste se gira sobre si misma para huir, el desconocido atrapa su cintura, la voltea y estampa en su boca un beso largo, profundo y húmedo. Celeste, temblorosa, con miedo y orgullo, hace intento de escapar pero se rinde ante la evidencia del experto besador que sabe cómo derretir las defensas de la desconocida.
Fueron segundos, minutos, horas... El calor se extiende desde la garganta a las extremidades, sube por las piernas y repta por la espalda donde los dedos descubren curvas bajo la ropa, reconociendo el trofeo, de espaldas, apretados contra la barra. Cuando las bocas se separan, la mirada del desconocido sonríe y su voz susurra: - y ahora, tú y yo, nos vamos a tomar una copa juntos.
-pero... ¿tú quién eres? ¿de qué vas?
El desconocido no para de sonreir, todo ojos azules: -tranquila Celeste, si no me haces preguntas no tendré que mentirte.
En ese momento Celeste advirtió dos cosas: una, que el desconocido sí sabía quién era ella pues conocía su nombre. Dos, que el desconocido era alto, atractivo, simpático, sabía besar y olía estupendamente. Ah! y tres: al parecer la noche no sería tan aburrida como parecía.

Y esto ha sido sólo el comienzo. Continuará. La noche no hizo más que empezar.

DE LETRAS Y OTRAS POSESIONES

Esta foto, al igual que otras muchas que cuelgo adornando las palabras de este blog, es un regalo de Juan. Él me regala su particular visión de la vida, en forma de imagen, y yo no puedo sino publicarla y compartirla para disfrutarla.
Una vez me regaló un campo de girasoles y, a veces, intenta comprarme una flor.
Pero ésta es sólo la excusa para hablar un poco de lo que me ronda en la cabeza e intento volcar en palabras, letras, frases... pensamientos inconexos que hoy no acierto bien a hilar.
Y es que algo pasa aquí dentro.
Celeste se ha ido y no me llama. El cansancio me obliga a alejarme cada día del portátil. Las horas se me hacen cortas y no alcanzo a terminar lo que empecé.
Y aquí siguen estas mariposas, hoy más verdes que nunca, aleteando con fuerza y queriendo salir de mí echando a volar, yéndose lejos, a llenar de brisa cálida estos últimos días de invierno.
Cuando llegue el momento tengo preparadas palabras de cristal, tan frágiles que el miedo me impide jugar con ellas.
Tengo un collage de fotos antiguas , blanco y negro sobre fondo rojo, que mis ojos quieren ver verdes a pesar de todo.
Tengo una lágrima encerrada en un frasquito de perfume que no quiero destapar.
Tengo letras, palabras, frases... que sólo con cirugía podré extirpar de esta loca cabecita mía. Será doloroso pero el bisturí está preparado. No está permitido usar anestesia. A corazón abierto y sin cerrar los ojos.
Me regalan fotos, girasoles, momentos, una flor... Yo sólo tengo mis letras y muy poca inspiración.

domingo, 15 de febrero de 2009

DE LA AMISTAD, A VECES

A veces, sólo en ocasiones, alguien aparece frente a la puerta de nuestra casa, que es la vida, y nos sorprende con un regalo.
Una sonrisa gratuita, porque si.
Una palabra amable, sin doble intención.
Un abrazo sincero, lejos de formulismos.
Un beso robado, con ganas, con emoción.
A veces, sólo de vez en cuando, llega una persona desconocida, o invisible, con quien no se había cruzado más que alguna palabra cortés, con quien no se ha compartido sino un momento fugaz, un tú entras y yo salgo, hasta luego ¿y este quién es?, de quien no sabes nada, ni mostraste interés, y es, de repente, a veces, un feliz descubrimiento.
A veces, personas que no te conocen y de las que apenas sabes nada, con un gesto breve, sencillo, te tocan el corazón.
Un recorte de tela con lentejuelas pegadas, un broche de madera con forma de mariposa, una nota escrita a prisa pero sólo para tí... son apenas pequeños detalles pero ¡cuánto me alegran! siento un nudo en la garganta, me bloqueo y no sé que decir, siento que dar las gracias es un gesto muy pequeño, es muy poco para expresar lo que no acierto a decir.
A veces, un amigo demuestra que le importas, que ha pensado en tí, que te ha dedicado un poco de su tiempo y se ha puesto en tu lugar.
A veces, encontramos amigos donde no lo esperábamos, porque ¿qué es la amistad sino dar a los demás un poco de nosotros mismos?
A mis amigos gracias, y en especial a Noelia, María, Elena, Nazaret y Paloma, porque vuestros detalles, por inesperados, me han emocionado. Sólo espero estar a la altura, reto difícil, pero ahí vamos, juntos.

viernes, 6 de febrero de 2009

SOBRE EL AMOR Y OTRAS MISERIAS


Amenaza San Valentín. Sí, el santo. Bueno, el santo no, el invento de otros para celebrar el día de los enamorados. Se nota en la calle, en concreto en las tiendas: todo es rojo/rosa, cursi, plagadito de corazones.
Como ocurre en Navidad ya ha comenzado el debate social ante el impacto comercial de tal fecha. Señores clientes posiciónense ¿están ustedes a favor o en contra?

A un lado del ring los que reniegan y acusan de ser una burda implantación de un concepto americano (puro marketing, vamos), replican que si eso es un invento del Corte Inglés (capital español) para vender más, o que cualquier día es bueno para celebrar el amor en pareja... Suelen mezclarse con la tediosa soledad de los solteros empedernidos que desprecian la fiesta por ser cosa de "esos pringaos que se crean ataduras y no saben lo que se pierden... yo no quiero novia ni loco...". Tiempo al tiempo, estos mismos son los que luego quedan con sus amigotes para salir a beber y se caracterizan por pasarse la noche mirando de reojo y con un puntito de envidia a las parejitas que se hacen arrumacos por las esquinas, o intentando ligar con una desconocida tan sola, desilusionada y triste como ellos.
Yo tengo una teoría y después de tanta parrafada voy a exponerla, que para eso estamos, y es que a ese sector humano nada les satisface lo suficiente ni merece su aprobación. Están diseñados genéticamente para la crítica feroz, venga de donde venga y a donde quiera que vaya dirigida. También los hay que sólo se quieren a sí mismos...

Pasemos al otro lado del ring. Allí se concentran los defensores a ultranza del amooooooooor, los que corren orgullosos con los brazos llenos de flores y una sonrisa "profident" en sus labios a fundir la visa en una tarjeta de felicitación con forma de corazón of course, bombones y cenas a la luz de las velas para su amooooooooor.
Algunos son cursis pero tímidos y envían mensajes anónimos declarando su amooooor (qué buena estás) a la vecinita del quinto, al carnicero o al del quiosco de la ONCE. A este lado también se concentran los estudiantes, castigados por sus hormonas, que anhelan ser invitados a salir por el chico más popular o la rubia más explosiva de la clase.
Luego están los que hacen de ese día una especie de "Orgullo Romántico", llevando por bandera sus declaraciones de amor y mostrando su cursilería, un puntito hortera, aderezada con baladas ochenteras. Estos disfrutan más quejándose y añorando el amor perdido, por eso celebran especialmente ese día: encuentran mucho apoyo entre quienes "desengañados" desean "volver al redil".

Yo en estas cosas, como casi siempre, me cuesta definirme. Entiendo a los que se duelen en silencio y a los que defienden a ultranza su individualismo antiromántico.
Entiendo que la clase empresarial se aprovecha de la efemérides igual que el día de la madre, el padre o los reyes magos, para hacer caja.
Entiendo que el amor se puede celebrar todos los días pero también me apunto a tener un día especial. Y no lo hace especial ni el Corte Inglés, ni las flores, ni la cena con velitas. Yo soy quien hago de ese día algo especial, porque así lo siento y lo quiero compartir: un momento especial con una persona especial, eso sí, sin caer en la cursilería empalagosa que nos venden el cine y la publicidad.
En el fondo, todos tenemos ciertas reticencias en lo tocante a expresar nuestros sentimientos. Nos avergonzamos al hablar de los que sentimos e incluso de nuestras relaciones. Algunos asumen el asunto romántico como algo privado y ¡top secret! como un acto íntimo que esconden y no comparten con la sociedad.

A mí me da igual, como al resto, me importa poco lo que hagáis mientras seáis felices y no cometáis delitos, solos o en pareja, tríos o de flor en flor... pero me preocupa que este sea un síntoma del deterioro de nuestra sociedad, de una pérdida de valores y una decadencia (ojo, no me confundáis que esto no es un mitin del PP) en las costumbres. Prefiero verlo más como una muestra palpable del individualismo creciente y petulante, sólo espero que la meta no sea el aislamiento...
Uf, no quería llegar a este punto metafísico. Pero como este es mi blog creo que tengo derecho a hacer apología de lo que me dé la gana, así pues sólo me queda decir: amaos unos a otros, amigos y amantes.
Y a ser posible tened sexo, mucho y gratificante.


He encontrado estas estupendas imágenes en Internet. Gracias!

jueves, 5 de febrero de 2009

CÓMO OLVIDAR...

Voces que rumorean a tus espaldas.
Miradas de reojo que siguen tus pasos: corrillos ociosos sin nada mejor que hacer.
Un puerta se entreabre, una cabeza asoma sonriente, te mira y disimula una sonrisa para volver a desaparecer.
Saludas y no recibes respuesta.
Eres el foco de atención pero te ignoran.
Rehuyen cruzar tu mirada, mil excusas para evitarte.
Un papel cae arrugado al suelo junto a tu mesa. Te agachas, lo coges y lo abres sin dejar de mirar a tu alrededor.
Todos callan, te observan: esperan expectantes.
Tu cara enrojece y deseas menguar hasta desaparecer, encogido en tu silla.
Te señalan, ríen, cantan tu nombre.
Tus oídos y puños se cierran sobre el mensaje anónimo con dos nombres escritos unidos por un corazón.
Tienes quince años, acné y tres para septiembre.
Coges tu mochila del suelo y corres pegando portazo al eco de las risas que permanecen aún en tus oídos.
Huyes de la vergüenza de quien no se movió del sitio, incapaz de protestar.
Pero ¡cómo olvidar aquellos ojos azules! ¡ese pelo rubio! ¡esas manos finas!

domingo, 1 de febrero de 2009

DESPERTAR


Aún antes de abrir los ojos sentí la lluvia repiqueteando contra la ventana. Me gusta esa sensación: salir del estado de letargo sin prisa, con los sentidos como acolchados, estirando el cuerpo poco a poco, resistiéndome todavía a mirar este domingo de agua.
Aún antes de asomar bajo el edredón sentí el frío de fuera, el silencio matinal, la lentitud de los minutos y la música de tu respiración y sin abrir los ojos he sentido que estabas aquí, a mi lado.
He girado entre las sábanas, volviéndome con cuidado, calculando la distancia para no molestarte en tu sueño, pero tu cuerpo se ha apretado contra el mío buscando calor, acomodándose en el espacio libre que nunca termina de llenarse.
Un cúmulo de sensaciones me envuelven provocadas por el olor inequívoco de tu pelo sobre la almohada, el perfume de ayer que invade la habitación, el tacto de tu piel desnuda y dormida, el suspiro que dejas escapar mientras te revuelves aún en sueños.
He abierto los ojos y estabas aquí.
Me ha costado despegarme de tí, romper ese momento que sólo yo disfruto y sacar las piernas despacio de la seguridad de la cama. pero he abierto los ojos y el sonido de la lluvia en la ventana me ha atraído. Te he arropado y en silencio he salido de la habitación, de puntillas, recuperando mi ropa esparcida por el suelo. Te dejo descansar.
El aroma de café de algún vecino se cuela por debajo de la puerta y me recuerda que no soy nadie sin cafeína en las venas. Desplazo mis pies hasta la cocina, abro armarios, saco tazas, busco leche, preparo mi bandeja y un vistazo a la ventana me sorprende pues veo caer grandes copos de nieve. Pareciera que alguien está desmenuzando grandes tiras de esponjoso algodón sobre mi tejado, la lluvia de hace un rato se ha vuelto escarcha que cubre de blanco la terraza.
He dejado el café para más tarde, quiero que veas esto, voy corriendo a despertarte y compartir contigo un despertar nevado. Abre los ojos: está nevando.

sábado, 31 de enero de 2009


Celeste y sus sueños...
Tras la tormenta llegó la calma y, en su caso, ha sido la cama la que ha llegado y con ella el sueño reparador, la tranquilidad de la inconsciencia y la ausencia de pesadillas y la huida de sus fantasmas.
Hace ya tiempo que Celeste no necesita tomar las pastillitas mágicas para dormir sin sueño. Eso ya pasó. En su lugar, llena las noches de vigilia de historias que inventa en su cabeza y luego, solo a veces, vierte en un papel. A veces las convierte en poemas que luego quema y lanza al aire... a veces llena libretas de palabras y sentimientos, muchos falsos, todos propios. Yo le guardo varias que me deja conocer, una guía para descifrar las claves de su particular locura...
La del niño que sonríe pidiendo que empujen su columpio más fuerte, intentando llegar cada vez más cerca del cielo y coger una estrella que ilumine por las noches su cuarto.
La del viejo, en cuyo rostro arrugado estaba escrita la memoria de una guerra.
La del campo de flores de color naranja que ocultaba una nube de mariposas que aleteaban al paso de unos pies descalzos.
La del amigo misterioso que dejaba de cuando en cuando una larga carta de amor en el buzón.
La del estudiante que despertaba a medianoche empapado en sudor creyendo haber olvidado realizar su último examen.
La del amante de una noche cuya huella permanece imborrable en la piel y cuyos ojos sigue buscando en cualquier hombre, en cualquier ciudad.
Ahora Celeste duerme profundamente aquí a mi lado. Estará soñando con un gran perro blanco que le lame la cara, o con un dibujo que nunca terminará, o tal vez con una conversación pendiente que podría aclarar muchas cosas, o puede que con una música especial que tarareará al despertar pero no acertará a recordar donde escuchó.
Mañana, quizá tenga una historia que contar, al menos hoy duerme, sueña y no imagina historias.
Hoy, Celeste, dormida, vive.

LA SONRISA DE CELESTE

Celeste, está triste. ¿Qué tendrá Celeste?
En la vida de Celeste hay varios fantasmas que en ocasiones reaparecen para asustarla y alterar el frágil equilibrio sobre el que desplaza sus tacones por la vida.
Uno, el del desamor, le rompió el corazón y, como si de un reuma crónico que reacciona ante el aire cargado de humedad y precursor de la lluvia se tratara, en determinadas fechas se presenta y revuelve el estómago de Celeste, quien habiendo olvidado y superado el abandono, no entiende porque su fantasma no asume que ella ya no lo necesita, ya no piensa en él, no la pone triste, ni nerviosa, ni melancólica, pero su coeur, apañado con tiritas y soldado tras años de cicatrices, deja escapar una lagrimilla de sangre que cae sobre el recuerdo, memoria imborrable.
Otro, el fantasma de la pérdida, que fue el que más dolió, empaña los ojos de Celeste frente a fotos de la infancia y conversaciones familiares en susurros. La pérdida irreparable, la marcha de quien nunca va a volver y la pena por no haber sabido decir a tiempo todo lo que se calló. Este fantasma es más persistente y se ha convertido en una presencia constante con la que Celeste ha aprendido a convivir, qué remedio, callándola resignada.
Otro, el más cruel, aún vive en Malasaña. Es Celeste quien de cuando en cuando regresa a visitarlo y charlan de aquellos días de "Movida madrileña" cuando las drogas y la delincuencia les marcaron para siempre. Toda una generación de un barrio mermado, corroído, en un entorno cultural que despegaba, que se liberaba de las ataduras que constreñían su creatividad, gente joven deslumbrada por el nuevo panorama donde libertad y libertinaje fueron la misma cosa. Ninguno llegó a adivinar lo que aquel estado "de gracia artificial" haría con sus vidas. Mierda de drogas, mierda de malasaña y mierda de movida. Si hubieseis estado allí...
Pero Celeste regresa, una y otra vez, para contar al fantasma que ella sigue aquí, que consiguió salir y lograr lo que siempre quiso: ser libre. Pero Celeste no olvida y no perdona, dejó atrás demasiadas cosas.
Hay algo que a Celeste siempre le hace sonreir: es el mar.
El recuerdo del mar infinito e inabarcable. Mariposa azul que, como dice "el Principito", es lo único más grande que tú.
Agua donde ahogar las penas, donde flotar sobre la tristeza, donde mezclar lágrimas y sumergirse sin respirar hasta rozar la muerte.
El mar, lugar de donde regresar liberado. La imagen del mar como escondite para huir.
Para Celeste queda esta fotografía azul.
¡Corre Celeste! nada hasta el futuro y olvida.

martes, 27 de enero de 2009

MÁS BICHOS

Otra entrega del coleccionable.
Os suena el nombre de David Santiago???
Aunque no se merece la publicidad que le hago, yo, que en el fondo le aprecio, creo que es uno de los bichos que no pueden faltar en mi colección.
El señor Santiago, tuercebotas, oriundo de Guadalajara y biólogo, y aunque pueda parecer poco serio, se dedica profesionalmente a la fotografía de naturaleza y viajes.
Si sois aficionados al tema, serán muchas las veces que habréis tropezado con una fotografía suya publicada en las mejores revistas del sector.
También es el proveedor de material fotográfico de Tragsa. Se pueden ver obras suyas en casi todas las oficinas y por supuesto en todos los trabajos que hemos desarrollado. Además, me decora las paredes de casa con fotos de sus viajes... me hace retratos posando como una fulana...
Otro aspecto muy conocido de David, es Ana, su pareja, quien amablemente posa para las portadas que haga falta y cuyo retrato no falta en ninguno de nuestros centros de interpretación.
Bromas aparte, si queréis conocer algo más sobre David, podéis visitar su web:
www.gallipato.com/

Espero que os guste.

domingo, 18 de enero de 2009

MIS BICHOS FAVORITOS

He decidido dedicar este pequeño espacio a hacer un poco de promoción de algunos de mis bichos favoritos, compañeros, amigos todos, de cuyo trabajo me siento orgullosa y me gustaría que todos conociéseis y apoyáseis.

Esta primera entrega, cómo no, se la dedico a mi querido Pajarón.


Compañero de fatigas (literalmente) y gran aficionado a las mariposas (también literalmente), Juan López Pajarón se dedica a la fotografía en sus ratos libres.

Podéis ver parte de su trabajo en su sitio web:



A este "pájaro" muchos le tenéis localizado en el facebook, si no es así en su web encontraréis datos para contactarle.

Seguiré dejándoos reseñas de algunos conocidos y de otros no tanto. Mientras, si queréis mostrar el trabajo de algún amigo o el vuestro propio, no dudéis en dejar vuestro comentario y el enlace correspondiente.

jueves, 15 de enero de 2009

BUSCO INSPIRACIÓN


Las musas han huido de mí.

La página en blanco se me hace interminable, inabarcable, ilegible e indescifrable.

Las mariposas revolotean interrumpiendo mis divagaciones y el único consuelo que me queda es que ya es hora de apagar y volver a casa.

He leído la letra de la canción de mi admirado B."Algo en común", y una vez más me he vaciado. No hay nada, no queda nada y necesito dormir.

Me despido, no sin antes solicitar vuestra colaboración.

¿Quién me presta musa o muso? Prometo darle o darla cariño.

agur.