martes, 30 de diciembre de 2008

EN RECUERDO DEL MORIBUNDO 2008: ¡daremos la campanada!



Pues sí, en el fondo no fue tan malo...

A pesar de mi escepticismo ante el motivo y objetivo de esta fiesta, yo también celebro la nochevieja.
Ahí tenéis la prueba ¡hasta hago fotos de la tele en el momento exacto en el que dan las doce!
Así que ya sabéis que estaré haciendo mañana a las doce en punto: fotos.

lunes, 29 de diciembre de 2008

EXAMEN DE CONCIENCIA ¡HEMOS SOBREVIVIDO AL 2008! (o casi)

Sólo quedan unas horas para de nuevo enfrentarmos a un nuevo año.
No he superado aún la resaca de la fiesta navideña cuando ando con la casa y la tarjeta de crédito "patas arriba" preparando un fiestorro con el que homenajear al año que termina y dar la bienvenida al que comienza, con la esperanza de que la juerga, los abrazos, los petardos, las uvas y el champán, ahuyenten los pesares y las dificultades vividas (oscuros bichos voladores) y en su lugar llenen el futuro de alegrías (radiantes mariposas de vivos colores).
No tengo ni idea de dónde hemos sacado los humanos esta costumbre, ¿es una cuestión cultural? ¿desde cuándo se celebra el fin de año? ¿no será otro invento de los americanos? prometo investigar el tema un año de éstos...
A mí, la verdad, ni fú ni fa: la escusa perfecta para una fiesta.
Hace años, estos días previos a la nochevieja me servían para hacer examen de conciencia, para revisar mi mundo e intentar ordenarlo, incluso llegue a hacer listas de objetivos y deseos para el año siguiente, aunque no recuerdo haberme parado después a comprobar si cumplí con mis propias exigencias ni a valorar si la balanza fue más positiva o negativa que el año anterior.
Hay personas que aprovechan estos días para fijar sus metas: ganar más dinero, adelgazar unos poquitos kilos, dejar de fumar, no beber tanto, encontrar pareja ¡coño, que parecen Bridget Jones! y yo me pregunto si no será una forma íntima de reconocer el propio fracaso ante lo que simplemente deberían hacer ya y que siempre se deja para más tarde, para mañana, para después del verano... para el año que viene.
Siempre que pienso en valorar el pasado mi cabeza sólo puede proyectarse hacia delante, hacia el futuro.
¿Qué más da lo que hicimos o no hicimos, si lo pasado pasado está? ¿acaso podremos cambiar algo?
¿Nos haría mejores personas conseguir lo que deseamos? ¿Seremos más felices? ¿No es más fácil y realista esforzarse día a día en intentar acercarnos a nuestras metas?
Yo sólo pido un deseo para el año próximo y venideros: quiero tiempo, tiempo y tiempo.
TIEMPO para estar con los míos.
Tiempo para decirles a mis padres, a mi hermana, a mis sobrinos, a mi familia, lo mucho que les quiero, y tiempo para demostrárselo.
Tiempo para devolverle a mi pareja sólo un poco de lo mucho que me aporta.
Tiempo para compartir con mis amigos, porque gracias a ellos soy mejor persona.
Tiempo para cuidarme, ver fotos, cortarme el pelo, comprar un vestido, cocinar algo bueno, aprender algo nuevo.
Tiempo para leer uno de los libros que amontono, escribir por que sí, jugar con los niños, bailar, cantar, salir cuando llueve y madrugar los domingos.
Tiempo para decir a esa persona que hace tanto que no veo que su recuerdo ya no me hace daño.
Tiempo para recordar a quienes quise y se marcharon, para no olvidar lo que ha dolido y para celebrar que estoy viva, pues, como dice la canción, "me equivocaría otra vez".
No sé mirar hacia atrás y sólo hay un camino: está ahí delante y no tiene nombre de año, es ahora, es ya.
Para los más clásicos: ¡feliz 2009!
Para todos CARPE DIEM.
Mientras seguiré con los preparativos para la fiesta, sea lo que sea lo que cada uno celebre.

Una perla de sabiduría aportada por mi amigo Mario: PINPILINPAUSAS

En euskera hay diversas palabras para nombrar a las mariposas: ximeleta, inguma, pinpilinpausa, marisorgin...
Me gustan. Son palabras sonoras, con fuerza, simpáticas... parecen nombres de hadas y brujas.
Me quedo con pin-pili-npausas, eso sí: VERDES.
UN BESO A TODOS Y FELIZ AÑO.
UN ABRAZO DE PARTE DE CELESTE.

RECUERDOS (MARIPOSAS OSCURAS): Reflexiones personales ante la "navidad"

(17 diciembre)

Anochece sobre Madrid. Franjas rojas y naranjas cruzan el cielo, que se oscurece por momentos.
Ha sido una tarde fría y solitaria, encerrada en el cascarón de casa para que nada ni nadie perturbe este malestar extraño.
Algo anda mal ahí dentro, en la cabeza y en el corazón. ¿Será el frío? ¿la soledad, tal vez?
Un mal mes, este diciembre.
Se acercan las fiestas navideñas, de hecho para muchos ya han comenzado. Se nota en los escaparates y en los anuncios de televisión. ¿Qué pretenden vendernos, felicidad? Miro las caras de la gente con quien cruzo y se diría que este año no hay Navidad.
Las luces, espumillones, belenes y jaranas, no camuflan lo suficiente el malestar hueco y sordo que algunos sufrimos en estas fechas. Queremos disfrutar, reir, hacer creer a los demás que lo pasamos bien y somos felices, que echaremos de menos el año que pasa y aprovecharemos al máximo el que está por llegar.
Ponemos cara de fiesta y colgamos el adorno de muérdago en la puerta. Colocamos el árbol y compramos regalos. Salimos, bebemos, cantamos, esperamos vanamente que toque "el gordo", nos resignamos y damos gracias por quedarnos como estamos. Expresamos o fingimos? por costumbre o tradición? ¿creemos de verdad que el año que viene será mejor?
Solo los que no han perdido algo importante pueden pensar que algo podrá ser mejor. Sólo los que han estado sólos saben lo largas y duras que son estas dos o tres semanas. Cuando eso ocurre, se crean dentro de las personas unos conductos estrechos y frágiles que reaccionan ante la falsa alegría, ante el sentimiento general de diversión, y nos marginan del resto del mundo, abriendo heridas que nos precipitan en un limbo de tristeza y desolación.
Entonces, como hoy, me gustaría poder aislarme, encontrar un hueco cálido, oscuro, donde dormir y dormir. Quisiera no tener que hablar, que tragarme la pena y disimular cuando se me desborda por los ojos.
Quiero sólo dormir y soñar con vosotras: Lourdes y Susana.
Soñar que seguís aquí, que llegáis tarde, como siempre, a cenar. Que el tiempo no ha pasado. Aún puedo oir vuestra risa. Recuerdo los días buenos y los malos, las conversaciones que no pudimos tener, por mi orgullo equivocado y vuestra mala cabeza. Recuerdo los viajes, las fiestas, las pinturas que Susana y yo compartimos y las camisetas y zapatos que Lourdes me destrozó. Recuerdo las cosquillas, las peleas, las comidas todas juntas, las camas infantiles compartidas, las broncas por querer poner la música más alta y no poder estudiar.
No he olvidado, no puedo aunque lo intento.
Me gustaría contaros cómo todo ahora es diferente, que hay gente nueva que nos hace reír, que los problemas son otros, que seguimos todos juntos y que os echamos de menos. Aunque evitamos nombraros, vosotras seguís presentes en cada paso que damos.
...
Aún duele y siempre dolerá. Y estos días especialmente. Pero es Navidad, un año termina y otro llega, y no queda más remedio que hacerle frente.
Quisiera poder decir que, de forma automática y sorprendentemente, los recuerdos se desvanecen con el avance de los días en el nuevo calendario, pero no es así.
Algo ocurre: la herida de las ausencias se abre de golpe pero cicatriza lentamente, y es una herida que nunca llega a curar.
Te acostumbras al dolor, por más que su aguijón sea agudo al clavarse de nuevo. Te acostumbras a vivir y a fingir que no pasa nada. pero sí pasa.
No me extraña que muchos huyan de la Navidad. La alegría de algunos es la certeza de la pérdida de los otros. Pero, cómo no seguir? Cómo negarles al resto de personas con las que vivimos su derecho a compartir su dicha con nosotros?.
Algo bueno deberá salir de todo ésto: cuando ya no estemos otros nos recordarán y brindarán por nosotros. Seguro.
Un año más.
Ya es totalmente de noche. Desde aquí veo que está todo oscuro, sin nubes ni luna.
Debo completar la lista de preparativos para las fiestas. Debo de planificar bien el tiempo si quiero llegar a hacer todo lo que debo hacer. Debo seguir. Debo olvidar. Debo aprender a disimular. Debo intentar disfrutar. Debo vivir.

¿QUIÉN ES CELESTE CAMPOAMOR?

(29 noviembre)

Un cuento urbano.

Hoy me apetece hablaros sobre una amiga. Ella es Celeste, Celeste Campoamor, una persona a la que tengo gran aprecio. Por supuesto ese no es su nombre, sino que al acceder a que escriba sobre ella me ha pedido sólo una cosa: mantener su anonimato, y así lo harÉ. El alias lo ha elegido ella...
Celeste es un caos, es divertida, apasionada, culta, trabajadora, inteligente, pero también atolondrada, perezosa, indecisa. Es alegre y vital, pero también melancólica. Fuerte y paciente, pero además inconstante, vengativa, insegura y pasiva. Es todas y todo a la vez. Cuando hablo con ella siempre me sorprende porque nunca es la misma. En el fondo sí: Celeste sólo hay una, pero en su personalidad polifacética reside su esencia.
Os hablaré de ella, con su permiso, y como ahora mismo la tengo aquí a mi lado, me obliga a deciros que amenaza con intervenir ella misma en alguna ocasión. Entre nosotros, yo lo pongo en duda, no tiene tiempo para ésto.
Ella dice que sí, que hará un esfuerzo, que no le apetece tener su propio espacio sino compartir mis "mariposas verdes", e insiste en que hasta puede que resulte divertido. Me aconseja no dejarla en ridículo si no quiero perder su amistad... Ya veremos.
En fin, como me intimida un poco hablar de ella teniéndola pegada a mi espada, creo que por hoy bastará con las presentaciones: aquí llega Celeste.
Celeste, este es tu pequeño reino. Y aquí comienza tu cuento urbano: "Érase una vez una princesa llamada Celeste..."

VERDE, QUE TE QUIERO VERDE: RETOMANDO UNA EXPLICACIÓN PENDIENTE...

(25 noviembre)

Absténgase los daltónicos.
Cuando cierro los ojos con fuerza veo dentro de mí una nube de color verde que va cambiando de tonalidad, tornasolada, según apriete las pestañas o estire bien los párpados. El verde lo llena todo: a veces es espeso y escuro como la sombra en el bosque, a veces claro y brillante como las hojas transparentes al sol. A veces me recuerda días primaverales con puntitos de luz jugando sobre la cara, días felices llenos de esperanza. En ocasiones, veo ese mismo verde en la risa de un amigo, en las manos de mi padre o en el sueño de los niños pequeños: es el verde esperanza, un tono cristalino propio de la gente transparente que nos regala su compañía; el verde chispeante de la hierbabuena que nos vuelve más alegres; el verde perfumado del cariño que deja su rastro allá por donde pasa; el verde fresco de las almas limpias que nos acompañan sin pedir nada a cambio, el verde suave de los momentos que guardamos sin miedo a perderlos, y sin miedo a recordarlos.
De vez en cuando abro los ojos y veo a mi alrededor tonos de verde que no me gustan: el verde que se vuelve cruel, oscuro y profundo, y que es el verde de la mentira; otras, parece ácido, amargo de bilis, verde envidia. Otras veces, es verde ira, verde engaño, verde patada en el hígado, verde celos, verde traición...
Siempre me queda el volver a cerrarlos ojos, apretarlos hasta que aparecen las chispas verdes. Imagino una gran caja de regalo, con una ancha cinta verde formando un lazo a su alrededor, lo desenvuelvo, lo abro y miro dentro. Allí encuentro lo que quiero ver, lo que necesito, lo que desesperadamente me hacía falta, un montón de mariposas verdes que salen volando y revolotean a mi alrededor. Y por un momento, sólo por un momento, soy capaz de olvidarme del resto.
Haz tú la prueba, cierra los ojos, apriétalos, estíralos, ya deberían haber aparecido las primeras chispitas. ¿Qué dices? ¿que son de otros colores? sigue intentándolo, mira en tu interior, relájate y no te dejes engañar, el verde oscuro y siniestro es tramposo y tiene muchos disfraces, se pinta de otros colores, pero si te concentras descubrirás el truco. ¿De qué color son tus mariposas?

SÁBADOS DE GLORIA? Un poco de relax ¡por favor!

(22 noviembre)

Pues eso, que necesitaba tener una tarde entera para no hacer nada.
Bueno, nada no: perder el tiempo, mirar el cielo, escuchar música, leer, ver fotos, escribir, llamar por teléfono, preparar una buena cena individual, estar conmigo y respirar para mí.
Hoy no estoy para nada que no sean velas, incienso, relax y paz. Alejad de mí juergas nocturnas, reuniones familiares, planes de fin de semana, problemas domésticos... hoy quiero estar sola. Mañana no lo sé.
¡qué bueno es darte cuenta de que sabes estar sola!!! ¡qué bueno es poder disfrutarlo hoy sabiendo que mañana no tiene porque ser así!
Y ahora qué toca? ah, sí, apagar el ordenador y tomarme una copa de vino, fumar una pipa y empezar un buen libro.
Carpe diem, yo ya lo hago!

Una de experimentos: el origen de mis mariposas

(21 noviembre)
Conozco una persona a la que le conté que estaba trabajando en un proyecto, en algo a lo que quise llamar "mariposas verdes", una especie de experimento partiendo de la escritura experimental, en la que intentaba volcar algunos sentimientos que revoloteaban en mi interior. Casí un ejercicio de catarsis personal al que, sin pensar demasiado, puse un nombre un tanto cursi, lo reconozco (yo soy así), pero al que, finalmente, he cogido cariño.
A lo que iba: esa persona, en principio no entendió qué narices era eso de las mariposas y me costó bastante explicar el porqué les papillons y el porqué verts.
Si pienso en un bichito de esos, me viene a la cabeza su pequeño tamaño, su fragilidad, su vuelo irregular, su belleza y su levedad, cualidades todas ellas con las que me resulta fácil identificar una parte de la vida, la interior, la que guardamos dentro y no enseñamos. Una pequeña colección de recuerdos, imágenes y sentimientos que atesoramos y sólo mostramos a unos pocos, a los elegidos, a quien sabemos que sabrá valorar esa belleza, cuidará de no estropear esa fragilidad, no le importará el tamaño ni las imperfecciones y, quizá su encuentro sea breve, efímero, y no tarde en alejarse de nosotros.
Este blog es una forma de hacer pública una parte de esas "mariposas" que llevo tiempo coleccionando y ahora deseo compartir con vosotros.
He aquí la explicación a mis bichitos...
Y a la pregunta de porqué son verdes, podría decir simplemente que porque me gusta, pero siempre hay un motivo, sin embargo, os lo contaré en otra ocasión.
Bienvenidos a este experimento, ya veremos dónde nos lleva.
Carpe diem.